Verbos de conjugación especial

Al terminar vas a poder predecir dónde va a aparecer la irregularidad de un verbo antes de conjugarlo, distinguir un cambio ortográfico de una irregularidad verdadera, y corregir formas como haiga, dijieron o andé explicando de dónde sale el error.

Las irregularidades no son caprichos sueltos: son grupos

Un verbo regular conjuga siempre con la misma raíz y las mismas terminaciones de su modelo: cantar → canto, cantaba, canté, cantaré. Un verbo de conjugación especial cambia algo, pero casi nunca cambia solo: el mismo cambio lo comparten decenas de verbos.

Por eso este tema no se resuelve con una lista larga. Se resuelve sabiendo cuáles son los cinco cambios que existen y dónde se producen. Si sabés que pensar hace pienso, ya sabés que cerrar hace cierro y empezar hace empiezo, porque los tres pertenecen al mismo grupo.

Toda irregularidad tiene un lugar fijo. Cambia la raíz, cambia la terminación, o cambian las dos. Saber dónde mirar es la mitad del trabajo.

Irregularidad 1: la raíz se abre (diptongación)

Las vocales e y o de la raíz se convierten en ie y ue cuando llevan la fuerza de la voz.

La razón: cuando la vocal es tónica se «abre»; cuando la fuerza se va a la terminación, la raíz se queda quieta. Por eso el cambio nunca aparece en nosotros ni en las formas de vos: vos pensás, vos po**dés, vos querés. Esa es una ventaja del voseo en el examen: la mayoría de los verbos que parecen irregulares se conjugan regulares con vos**.

Grupo e → ie: pensar, cerrar, empezar, entender, querer, sentir, perder. Grupo o → ue: poder, contar, volver, dormir, mover, encontrar.

Irregularidad 2: la raíz se cierra (e → i)

Ocurre solo en verbos en -ir: pedir → pido, pide, piden; servir → sirvo; seguir → sigo; repetir → repito; vestir → visto.

Aquí también hay lógica: en los verbos en -ir, la vocal tónica no se abre, se cierra. Y este grupo sí afecta al pretérito en tercera persona: pidió, pidieron; sirvió, sirvieron.

Irregularidad 3: aparece una consonante en la primera persona

Muchos verbos meten una consonante solo en yo, presente de indicativo, y de ahí la arrastran a todo el subjuntivo:

Se agrega Verbos Forma
-g- tener, poner, salir, valer, venir tengo, pongo, salgo, valgo, vengo
-g- (con cambio) hacer, decir, oír, caer, traer hago, digo, oigo, caigo, traigo
-zc- verbos en -acer, -ecer, -ocer, -ucir nazco, agradezco, conozco, conduzco

El grupo del -zc- es el más rentable: toda la terminación -ecer funciona igual. Si aparece obedecer, merecer, ofrecer, parecer, ya sabés que hacen obedezco, merezco, ofrezco, parezco. Y lo que pasa en yo pasa en todo el subjuntivo: que yo conozca, que vos conozcás.

Irregularidad 4: los pretéritos fuertes

Es el grupo que más errores produce. Un conjunto de verbos cambia toda la raíz en el pretérito y, como compensación, toma terminaciones sin tilde:

tener → tuve, tuviste, tuvo · estar → estuve · andar → anduve · poder → pude · poner → puse · saber → supe · querer → quise · hacer → hice · venir → vine · decir → dije · traer → traje · conducir → conduje.

Se llaman fuertes porque la fuerza de la voz cae en la raíz y no en la terminación: se dice tuve, no *tuvé*. Ese es el detalle que explica por qué no llevan tilde en primera ni en tercera persona, a diferencia de los regulares (canté, cantó).

Y hay una subregla: los que terminan en -j pierden la i del plural. Dijeron, trajeron, condujeron —nunca dijieron—, porque la j ya arrastra ese sonido.

Irregularidad 5: los participios irregulares

Algunos verbos no forman el participio con -ado / -ido: escribir → escrito, decir → dicho, hacer → hecho, ver → visto, poner → puesto, volver → vuelto, romper → roto, abrir → abierto, morir → muerto, cubrir → cubierto.

Y arrastran a sus compuestos: si poner hace puesto, entonces componer hace compuesto, suponer hace supuesto, imponer hace impuesto. Esa herencia resuelve docenas de casos con un solo dato.

Lo que parece irregular y no lo es: los cambios ortográficos

Verbos como buscar → busqué, llegar → llegué, empezar → empecé no son irregulares. Suenan igual; lo que cambia es la letra, para conservar el sonido ante la vocal siguiente: la c de buscar sonaría distinta ante e, así que se escribe qu.

Ejemplos resueltos

1. ¿«Haiga» o «haya»? Haya. Es el presente de subjuntivo de haber. Haiga se forma por analogía con verbos como caiga y traiga, que sí llevan -ig-; pero haber no pertenece a ese grupo.

2. ¿«Andé» o «anduve»? Anduve. Andar es de pretérito fuerte, como estar (estuve) y tener (tuve). Andé sale de tratarlo como regular en -ar, que es la trampa: el verbo parece común y no lo es.

3. Conjugá «conducir» en pretérito, tercera del plural. Condujeron. Pretérito fuerte con raíz en -j, y por eso pierde la i: nunca condujieron. Lo mismo vale para dijeron, trajeron, tradujeron.

4. «Vos podés» y «tú puedes»: ¿por qué uno diptonga y el otro no? Porque la diptongación solo ocurre cuando la raíz lleva la fuerza. En puedes la fuerza cae en la raíz; en podés cae en la terminación, así que la o se queda quieta. Es la misma regla vista desde los dos lados.

5. ¿Cuál es la primera persona de «agradecer» y por qué? Agradezco. Pertenece al grupo -ecer, que agrega -zc- en la primera persona del presente. De ahí sale todo el subjuntivo: que yo agradezca, que vos agradezcás.

Los errores que más se cobran

  1. Ponerle tilde a los pretéritos fuertes. Tuvé, pusé, hicé. El error viene de copiar canté. En los fuertes la fuerza está en la raíz, y por eso la terminación va sin tilde.
  2. Escribir dijieron, trajieron, condujieron. Se agrega una i que la j ya trae. Todos los pretéritos fuertes con raíz en -j pierden esa vocal en la tercera del plural.
  3. Regularizar verbos fuertes en -ar. Andé por anduve es el caso típico. Conviene tener presente que andar, pese a su apariencia, se conjuga como estar.
  4. Decir haiga y vaiga. Nacen de la analogía con caiga y traiga. La analogía es una buena herramienta, pero solo dentro del mismo grupo.
  5. Diptongar donde la fuerza no cae en la raíz. Nosotros piensamos, nosotros puedemos. Si la fuerza se fue a la terminación, la raíz no cambia.
  6. Marcar como irregulares los cambios de letra. Llegué y empecé solo ajustan la escritura para sostener el sonido: la conjugación sigue siendo regular.

Clave de análisis

Si en el examen te aparece un verbo que no reconocés, no busqués la lista: buscá dónde se puede producir el cambio. Solo hay tres lugares posibles. Puede cambiar la vocal de la raíz, y entonces preguntate si la fuerza cae ahí: si cae, esperá ie, ue o i; si se fue a la terminación —como en nosotros y en las formas de vos—, la raíz se queda quieta. Puede aparecer una consonante en la primera persona, y ahí funcionan dos familias enteras: la de -g- (tengo, pongo, salgo, vengo) y la de -zc-, que se activa con cualquier verbo terminado en -acer, -ecer, -ocer o -ucir. Y puede cambiar toda la raíz en el pretérito, y esa es la señal de un pretérito fuerte, que se reconoce porque la fuerza se corre a la raíz y la terminación pierde la tilde.

Con esa segunda idea —la tilde se va cuando la fuerza se muda a la raíz— se resuelven de un golpe tuve, puse, supe, quise, hice y dije. Y con la tercera —los compuestos heredan la irregularidad del verbo base— se resuelven los demás: si poner da puse y puesto, entonces suponer, componer y disponer hacen lo mismo. Estas formas se practican hasta que salgan solas, pero se deducen mucho antes de eso.

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