Las falacias en los textos argumentativos
Al terminar vas a poder separar el ataque a la persona del ataque al argumento, reconocer cinco falacias por la pieza que le falta al razonamiento, y explicar por qué una falacia puede convencer aunque el razonamiento esté roto.
Una falacia es un argumento que parece válido y no lo es
Un argumento tiene dos partes: una tesis (lo que se sostiene) y razones que la apoyan. El argumento funciona cuando las razones, si son ciertas, obligan a aceptar la tesis o al menos la vuelven más probable.
Una falacia es un razonamiento donde esa obligación no existe, pero parece que sí. No es lo mismo que una mentira: en una mentira los datos son falsos; en una falacia los datos pueden ser ciertos y aun así no probar nada.
Por eso convencen: se apoyan en emociones, en prestigio o en descuidos de lógica que el lector no alcanza a ver mientras lee rápido.
La pregunta que detecta cualquier falacia
Frente a cualquier argumento, preguntate: si todo lo que dice fuera cierto, ¿estaría obligado a aceptar la conclusión?
Si la respuesta es no, hay algo roto, y el paso siguiente es nombrar qué pieza falta. Ese es el orden: primero se detecta el hueco, después se le pone el nombre.
Las falacias que se preguntan, agrupadas por lo que les falta
Grupo 1: cambian de tema en vez de responder
Ad hominem (contra la persona). Se ataca a quien argumenta en lugar de atacar su argumento. No le hagás caso al diputado: ni siquiera terminó el cole. Qué falta: una razón sobre el contenido. Que alguien no haya estudiado no vuelve falsa su propuesta.
El límite: no toda mención de la persona es falacia. Señalar que un estudio sobre refrescos lo pagó una empresa de refrescos sí es pertinente. La falacia aparece cuando el rasgo personal no tiene relación con lo discutido.
Hombre de paja. Se deforma la posición del otro para tumbarla más fácil. Dice que hay que revisar el examen de admisión, o sea que quiere que entre cualquiera sin estudiar. Qué falta: responder a lo que el otro dijo de verdad. Se refuta una versión exagerada.
Grupo 2: apelan a algo que no es razón
Apelación a la autoridad mal usada. Es cierto porque lo dijo un famoso. Qué falta: que la autoridad sea experta en ese tema. Citar a un médico sobre medicina es válido; citarlo sobre economía, no.
Apelación a las masas. Todo el mundo lo hace, entonces está bien. Qué falta: una razón propia. La cantidad de gente que cree algo no lo vuelve verdadero.
Apelación a la emoción. Aprobame el examen porque mi mamá está enferma. Qué falta: una razón ligada a lo que se decide. La emoción es real, pero no prueba que la respuesta esté correcta.
Grupo 3: fallan en la lógica del salto
Generalización apresurada. Se concluye sobre todos a partir de muy pocos casos. Conocí dos taxistas groseros: los taxistas son groseros. Qué falta: una muestra suficiente y variada.
Falsa causa. Se toma la sucesión por causa. Desde que pusieron el semáforo hay más choques; el semáforo los causa. Qué falta: descartar otras explicaciones. Que dos cosas ocurran seguidas no prueba que una produzca la otra.
Falso dilema. Se presentan dos salidas como si fueran las únicas. O aceptamos el proyecto o el pueblo se queda sin futuro. Qué falta: las demás opciones, escondidas.
Pendiente resbaladiza. Se encadenan consecuencias cada vez más graves sin probar ningún eslabón. Si permitimos el celular en clase, nadie va a estudiar y el país se hunde. Qué falta: demostrar que cada paso lleva al siguiente.
Círculo vicioso. La razón repite la tesis con otras palabras. Es el mejor profesor porque ninguno es mejor que él. Qué falta: una razón independiente de la conclusión.
| Falacia | Pieza que falta | Señal en el texto |
|---|---|---|
| ad hominem | razón sobre el contenido | se habla de quién, no de qué |
| hombre de paja | la posición real del otro | «o sea que usted quiere…» |
| autoridad mal usada | experticia en ese tema | «lo dijo…» sin campo |
| apelación a las masas | razón propia | «todo el mundo», «siempre se ha hecho» |
| generalización apresurada | muestra suficiente | de dos casos a «todos» |
| falsa causa | descarte de otras causas | «desde que… entonces» |
| falso dilema | las otras opciones | «o esto o lo otro» |
| pendiente resbaladiza | prueba de cada eslabón | cadena de consecuencias |
| círculo vicioso | razón independiente | la conclusión repetida |
Ejemplos resueltos
1. «La propuesta de la regidora no sirve: esa señora ni vive en el cantón.» Ad hominem. Se discute a la persona, no la propuesta. Ojo: si la propuesta tratara justamente de un beneficio para residentes, el dato podría volverse pertinente. Lo que decide es si el rasgo tiene relación con lo discutido.
2. «Nueve de cada diez estudiantes prefieren esta marca de cuadernos, así que es la mejor.» Apelación a las masas. La preferencia mide popularidad, no calidad. Para sostener «la mejor» harían falta razones sobre el producto: papel, precio, duración.
3. «O prohibimos los celulares o aceptamos que nadie aprenda nada.» Falso dilema. Hay opciones intermedias evidentes: usarlos con reglas, permitirlos en ciertas clases, guardarlos durante exámenes. El argumento gana fuerza solo porque esconde las alternativas.
4. «Desde que abrieron el parque, bajaron los robos. El parque acabó con la delincuencia.» Falsa causa. La coincidencia temporal no prueba causa: pudo bajar por más patrullaje o por casualidad. Faltó descartar esas explicaciones.
5. «Usted dice que hay que enseñar educación vial, o sea que quiere quitar horas de matemática.» Hombre de paja. Se le atribuye algo que no dijo —quitar horas— y se refuta esa versión inventada.
Los errores que más se cobran
- Llamar falacia a cualquier argumento con el que no se está de acuerdo. Una falacia no es una opinión distinta: es un razonamiento donde las razones no sostienen la conclusión. Se demuestra señalando el hueco, no expresando desacuerdo.
- Confundir falacia con mentira. Los datos de una falacia pueden ser todos ciertos. Lo que falla es el salto de los datos a la conclusión.
- Marcar ad hominem cada vez que se menciona a la persona. Hay casos en que el conflicto de interés o la falta de competencia sí es pertinente. El criterio es la relación con el tema.
- Aprender los nombres sin la prueba. El examen da un texto, no un rótulo. Sin la pregunta «¿estaría obligado a aceptar la conclusión?», los nombres no se pueden aplicar.
- Tratar toda apelación a la emoción como falacia. Un texto puede conmover y además dar razones. Es falacia solo cuando la emoción reemplaza a la razón.
- Quedarse en nombrar. Una respuesta completa dice además qué le falta al argumento.
Clave de análisis
Si en el examen te dan un texto y no te acordás de ningún nombre, podés resolverlo igual con la pregunta única: si todo lo que dice fuera cierto, ¿tendría que aceptar la conclusión? Cuando la respuesta es no, buscá dónde se rompió el paso, y ahí van a aparecer solos los tres grandes tipos.
Si el texto dejó de hablar del tema —se puso a hablar de quién argumenta, o refutó algo que nadie dijo—, estás en el grupo del cambio de tema. Si puso en lugar de la razón algo que no lo es —fama, cantidad de gente, lástima—, estás en el de las apelaciones. Y si saltó más lejos de lo que sus datos permiten —de dos casos a todos, de la coincidencia a la causa, de dos opciones a que no hay más—, estás en el de los saltos lógicos.
Con esos tres cajones clasificás cualquier falacia nueva, y sobre todo podés hacer lo que más vale: decir qué le falta al argumento. Nombrar es útil; señalar la pieza ausente es lo que prueba que entendiste.