Narración, descripción, argumentación y explicación

Al terminar vas a poder identificar el modo dominante de un texto mixto mirando su propósito global, justificar tu respuesta con marcas gramaticales y no con impresiones, y explicar por qué un modo puede estar al servicio de otro dentro del mismo párrafo.

Los modos discursivos son estructuras, no temas

Un modo discursivo es la forma en que se organizan las oraciones según lo que el texto quiere lograr. Hay cuatro: narración, descripción, argumentación y explicación.

Cada uno tiene una estructura interna propia, y eso es lo que se evalúa en noveno. No alcanza con reconocerlos: hay que poder mostrar qué los sostiene gramaticalmente y cómo se combinan.

Modo Se organiza por Tiempo verbal típico Conector típico
narración sucesión temporal pretérito perfecto simple entonces, después, al rato
descripción coexistencia en el espacio presente o imperfecto al fondo, alrededor, encima
argumentación tesis + razones + conclusión presente, condicional por lo tanto, sin embargo
explicación causa, definición, ejemplo presente atemporal porque, es decir, por ejemplo

Fijate en la columna del tiempo verbal: no es un detalle. El tiempo verbal es la marca más objetiva que podés citar para justificar tu respuesta.

Narración: la marca es el perfecto simple

La narración avanza porque cada verbo cierra una acción y abre la siguiente. Ese avance lo produce el pretérito perfecto simple (llegó, dijo, salió), que presenta el hecho como terminado.

Por eso, cuando en medio de un relato aparece el imperfecto (llovía, tenía, era), el tiempo se detiene: el imperfecto no cierra, sostiene. Ahí casi siempre hay descripción metida dentro de la narración. Esa alternancia entre perfecto simple e imperfecto es la marca más fina que se puede señalar en un texto narrativo.

Además, la narración necesita narrador, personajes y un orden, que puede no ser cronológico: un relato que empieza por el final sigue siendo narración, porque los hechos igual se suceden.

Descripción: la marca es la ausencia de avance

Describir es presentar rasgos que coexisten. Nada cierra nada. Sus marcas:

En noveno conviene distinguir dos clases. La descripción objetiva busca precisión y evita valorar (un informe técnico, la ficha de un animal). La descripción subjetiva selecciona rasgos para producir un efecto y usa adjetivos valorativos (el retrato literario de un personaje). La diferencia se ve en los adjetivos: mide dos metros frente a enorme, amenazante.

Explicación y argumentación: la frontera que decide el examen

Las dos trabajan con ideas y las dos usan porque. La diferencia no está en los conectores:

De esa diferencia salen marcas que se pueden señalar:

Explicación Argumentación
punto de partida hecho aceptado tesis discutible
adjetivos descriptivos valorativos (injusto, grave)
modalidad afirmativa neutra debe, es necesario, no se puede permitir
contraargumento no aparece aparece y se refuta
marcas de persona escasas considero, sostengo, o impersonales que ocultan al emisor

La prueba definitiva: preguntate si alguien razonable podría sostener lo contrario. Si sí, hay tesis y el texto argumenta.

Cómo se decide el modo dominante

Los textos reales son mixtos. Un editorial narra un hecho, describe un lugar, explica un mecanismo y concluye pidiendo algo. Para decidir el dominante hay tres criterios, y conviene usarlos en este orden:

  1. El propósito global. ¿Para qué se escribió el texto entero? Lo que responde a esa pregunta es el modo dominante.
  2. La subordinación funcional. Preguntate para qué está cada fragmento. Si la narración del hecho sirve de prueba para la tesis, la narración está subordinada a la argumentación.
  3. El cierre. El párrafo final suele declarar el propósito: si termina pidiendo una acción, el texto es argumentativo, aunque nueve de sus diez párrafos narren.

Ojo con el criterio que no sirve: la cantidad de líneas. Un texto puede tener tres párrafos narrativos y uno argumentativo y ser argumentativo.

Ejemplos resueltos

1. «Llovía desde la madrugada. El agua entró por debajo del portón, subió hasta el corredor y se llevó las gallinas.» ¿Modo, y con qué marca? Narración, con descripción incrustada. Llovía es imperfecto y no avanza: pone el marco. Entró, subió, se llevó son perfectos simples y encadenan la acción. Esa alternancia es la prueba.

2. «El dengue se transmite por la picadura de un mosquito que se reproduce en agua estancada.» ¿Explicación o argumentación? Explicación. El contenido no se discute, no hay adjetivos valorativos ni verbos de obligación, y el presente es atemporal. Hay causa, pero la causa sola no vuelve argumentativo un texto.

3. «Es urgente eliminar los criaderos: cada recipiente con agua estancada es un foco. Quien no lo hace pone en riesgo a todo el barrio.» ¿Y este? Argumentación. Hay modalidad de obligación (es urgente), adjetivación valorativa (riesgo), y una tesis que se puede discutir. Fijate que el contenido es el mismo del ejemplo anterior: el modo no lo fija el tema.

4. Una crónica deportiva narra las jugadas, describe el estadio y cierra diciendo que el reglamento debe cambiarse. ¿Modo dominante? Argumentativo. Las jugadas narradas funcionan como prueba de la tesis final. El criterio es la subordinación funcional: el material narrativo está al servicio de la conclusión.

5. ¿Cómo se justifica que un fragmento es descripción subjetiva y no objetiva? Señalando los adjetivos valorativos y la selección de rasgos. Si el texto elige mencionar lo ruinoso, lo oscuro y lo húmedo y omite las dimensiones, está construyendo un efecto, no informando.

Los errores que más se cobran

  1. Decidir el modo por el tema. Un texto sobre salud puede narrar, describir, explicar o argumentar. El modo está en la organización, no en el asunto.
  2. Usar los conectores como prueba única. Porque aparece en explicación y en argumentación; entonces aparece en narración y en argumentación. El conector orienta, pero hay que confirmarlo con el tiempo verbal y con el tipo de contenido.
  3. Contar líneas para elegir el dominante. El dominante se define por el propósito global y por qué está subordinado a qué, no por extensión.
  4. Tomar todo pasado por narración. El imperfecto describe. Si el tiempo no avanza y solo se acumulan rasgos, es descripción aunque los verbos estén en pasado.
  5. Suponer que la argumentación necesita primera persona. Muchos textos argumentativos usan formas impersonales (se hace necesario, resulta evidente) precisamente para sonar objetivos. La tesis sigue estando.
  6. Olvidar el contraargumento. Cuando un texto menciona la posición contraria para refutarla, está confesando que es argumentativo. Esa marca es decisiva y suele pasarse por alto.

Clave de análisis

Todo se reconstruye con dos cortes y una jerarquía. El primer corte separa lo concreto de lo abstracto: si el texto trabaja con hechos y objetos, solo quedan narración y descripción, y las distingue una pregunta —¿avanza el tiempo?—, que se responde mirando si hay perfectos simples encadenados o solo imperfectos y verbos de estado. Si el texto trabaja con ideas, el segundo corte es ¿esto se puede discutir?: lo discutible arrastra tesis, adjetivos valorativos y verbos de obligación, y es argumentación; lo aceptado que solo hay que entender es explicación.

La jerarquía resuelve los textos mixtos, que son casi todos. Preguntate para qué está cada parte: si la narración prueba algo, sirve a la argumentación; si la descripción ambienta, sirve a la narración. El modo dominante es aquel al que todos los demás sirven, y el cierre del texto suele decirlo sin rodeos. Con esas tres herramientas justificás cualquier respuesta con marcas verificables, que es lo que separa un análisis de una corazonada.

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