La democracia griega y el discurso de Pericles
Al terminar vas a poder explicar qué significaba «ciudadano» en Atenas y a quiénes dejaba afuera, deducir por qué los atenienses sorteaban cargos en vez de elegirlos todos, y comparar aquella democracia con la costarricense señalando dos diferencias de fondo.
Democracia: una palabra con dueño histórico
La palabra viene del griego: demos, pueblo, y kratos, poder. Significa, literalmente, el poder del pueblo. Se acuñó en Atenas en el siglo V antes de nuestra era para nombrar algo que hasta entonces no existía: un sistema donde las decisiones de la ciudad las tomaban los ciudadanos reunidos, y no un rey ni un grupo de familias.
Aquella democracia era directa: no elegía representantes que decidieran por la gente, sino que la gente decidía. Esa es la primera diferencia con la nuestra, y de ella se deducen casi todas las demás.
Cómo funcionaba
Las instituciones atenienses se entienden como respuestas a un problema: cómo evitar que unos pocos se queden con el poder.
- La Asamblea (ekklesía): reunión abierta a todos los ciudadanos varones, donde se discutían y votaban las decisiones de la ciudad —guerra, paz, leyes, gastos—. Cualquiera podía tomar la palabra.
- El Consejo: un cuerpo que preparaba los asuntos que la Asamblea iba a tratar. Sus miembros se sorteaban entre los ciudadanos y rotaban cada año.
- Los tribunales populares: jurados numerosos de ciudadanos sorteados, sin jueces profesionales.
- Los cargos por sorteo: la mayoría de las magistraturas se asignaba por azar, no por elección, y duraban poco tiempo.
El sorteo es el rasgo que más llama la atención, y tiene una razón que se puede reconstruir: si los cargos se eligen, tienden a ganarlos los más conocidos, los mejores oradores y los más ricos, y el poder se concentra. Si se sortean, cualquiera puede ocuparlos y nadie puede construir una carrera de poder. La elección quedaba reservada a los cargos que exigían pericia técnica, como el mando militar.
El discurso fúnebre de Pericles
En el año 431 a.C., al comenzar la guerra del Peloponeso, Atenas honró a sus primeros caídos con una ceremonia pública. Pericles, el político más influyente de la ciudad, pronunció el discurso, que llegó hasta nosotros a través del relato del historiador Tucídides.
El discurso no describe una batalla: describe un modo de vida, y por eso se estudia. Sus ideas principales, en paráfrasis:
- El régimen se llama democracia porque el gobierno no está en manos de unos pocos, sino de la mayoría.
- Ante la ley, todos son iguales en sus diferencias privadas.
- Para los cargos públicos cuenta el mérito y no la clase social; la pobreza no impide servir a la ciudad.
- La libertad en la vida privada convive con la obediencia a la ley en la vida pública.
- Quien no participa en los asuntos comunes no es un hombre reservado: es un ciudadano inútil para la ciudad.
Esa última idea es la más fuerte y la que conecta con el programa de noveno: para los atenienses, la participación no era un derecho opcional, sino la condición de ser ciudadano. Lo privado no era el refugio legítimo de nadie.
A quiénes dejaba afuera
Aquella democracia era muy participativa y muy excluyente al mismo tiempo, y las dos cosas hay que decirlas juntas.
| Grupo | ¿Era ciudadano? |
|---|---|
| varones atenienses adultos, hijos de padres atenienses | sí |
| mujeres | no |
| personas esclavizadas | no |
| extranjeros residentes (metecos) | no, aunque vivieran allí toda la vida |
Es decir: la minoría de la población decidía por el conjunto. Eso no anula el valor del experimento, pero obliga a leerlo con precisión: Atenas inventó el procedimiento, no la universalidad.
Comparación con la democracia costarricense
| Rasgo | Atenas, siglo V a.C. | Costa Rica hoy |
|---|---|---|
| forma | directa: decide la Asamblea | representativa, con mecanismos de participación |
| quién es ciudadano | varones atenienses adultos | toda persona mayor de edad, sin distinción de sexo |
| acceso a los cargos | mayormente por sorteo | por elección y por concurso |
| escala | una ciudad | un país entero |
| protección de derechos | decisión de la Asamblea | Constitución y control constitucional |
La última fila marca una diferencia decisiva: en Atenas la Asamblea podía decidir casi cualquier cosa, incluso condenar a alguien. En una democracia constitucional hay derechos que ninguna mayoría puede quitar, y órganos encargados de impedirlo.
Ejemplos resueltos
1. ¿Por qué los atenienses sorteaban los cargos? Para impedir que el poder se concentrara. La elección favorece a los conocidos, los buenos oradores y los ricos; el sorteo hace que cualquiera pueda ocupar el cargo y que nadie construya una carrera política.
2. «En Atenas todos participaban.» ¿Es correcto? No. Participaban todos los ciudadanos, y ciudadano era solo el varón ateniense adulto. Mujeres, personas esclavizadas y extranjeros residentes quedaban fuera, aunque fueran la mayoría de la población.
3. ¿Qué quiso decir Pericles al llamar inútil a quien no participa? Que para los atenienses la ciudad se sostenía en la participación de sus ciudadanos. Apartarse de lo público no era una opción respetable sino un abandono del deber cívico. Hoy la participación se entiende como derecho, no como obligación exigible.
4. ¿Podría Costa Rica funcionar como Atenas? No con ese diseño. La escala lo impide: millones de habitantes y asuntos técnicos permanentes no caben en una asamblea. Por eso la representación, complementada con mecanismos como el referendo y el plebiscito.
5. ¿Qué diferencia hay entre la Asamblea ateniense y la Asamblea Legislativa costarricense? La ateniense reunía a los ciudadanos mismos; la costarricense reúne a 57 personas elegidas para decidir en nombre de la ciudadanía. Una es democracia directa; la otra, representativa.
Los errores que más se cobran
- Decir que en Atenas participaban todos. La ciudadanía era restringida a un grupo minoritario. Omitirlo produce una imagen falsa del modelo.
- Confundir democracia directa con representativa. En una decide la gente reunida; en la otra decide quien fue elegido para eso. La diferencia explica casi todos los demás contrastes.
- Tratar el sorteo como una rareza. Era una decisión razonada contra la concentración del poder, y por eso se aplicaba a la mayoría de los cargos y no al mando militar.
- Atribuirle a Pericles un texto escrito por él. El discurso llegó a través del relato de Tucídides; conviene decirlo así.
- Creer que la mayoría siempre tiene razón. En Atenas la Asamblea podía decidir casi todo. Las democracias actuales limitan a la mayoría con derechos y control constitucional, y esa es una diferencia de fondo.
- Comparar sin criterio. Una comparación útil fija los rasgos que se van a contrastar —forma, ciudadanía, acceso a cargos, escala, límites— y no salta de un dato suelto a otro.
Clave de análisis
Si te piden explicar la democracia ateniense, reconstruila desde la escala y el problema. Era una ciudad y no un país, así que la gente podía reunirse: de ahí la democracia directa. Y el problema que temían era la concentración del poder en unos pocos: de ahí el sorteo de cargos, la rotación anual, los jurados numerosos y la posibilidad de que cualquiera hablara en la Asamblea. Dos datos —el tamaño y el miedo a la oligarquía— explican casi todo el diseño.
Para la comparación con Costa Rica, usá tres preguntas que sirven para cualquier sistema: ¿quién es ciudadano?, ¿quién decide? y ¿hay algo que la mayoría no pueda hacer? Las respuestas separan los dos modelos con precisión y evitan caer en el elogio vacío o en la condena fácil.
Y quedate con la idea de Pericles que sigue discutiéndose: una comunidad política se sostiene si sus miembros se ocupan de lo común. Aquella Atenas la aplicaba de manera excluyente y hasta implacable, pero la pregunta que dejó planteada —qué pasa con una democracia donde nadie participa— es exactamente la misma que se hace hoy cuando se discute el abstencionismo.