Las falacias: errores de argumentación
Al terminar vas a poder separar las dos partes de un argumento, decidir con una sola pregunta si un razonamiento está roto, y reconocer cinco falacias nombrando qué le falta a cada una.
Primero: qué es un argumento bien hecho
Antes de estudiar lo que falla, hay que ver lo que funciona. Un argumento tiene dos piezas:
- La tesis: lo que se sostiene. El colegio debería tener un bebedero en cada piso.
- Las razones: lo que la apoya. Porque hay mil estudiantes y un solo bebedero, y en el recreo la fila no alcanza.
El argumento funciona cuando las razones, siendo ciertas, obligan a aceptar la tesis o al menos la vuelven razonable. Si las razones son ciertas y aun así la tesis no se sigue, algo se rompió.
Una falacia es un argumento que parece válido y no lo es. No es una mentira: los datos pueden ser todos ciertos y aun así no probar nada.
La pregunta que detecta cualquier falacia
No hace falta aprenderse una lista para empezar. Frente a cualquier argumento, preguntate:
Si todo lo que dice fuera cierto, ¿tendría que aceptar la conclusión?
Si la respuesta es «no», hay un hueco. Recién entonces se busca qué pieza falta, y ahí aparece el nombre. Primero el hueco, después el nombre: al revés no funciona, porque el examen te da un texto, no una etiqueta.
Las cinco falacias que más aparecen
1. Ataque a la persona (ad hominem)
Se ataca a quien argumenta en vez de atacar lo que dice.
No le hagás caso a esa propuesta: la hizo el que reprobó tres materias.
Qué falta: una razón sobre el contenido. Que alguien haya reprobado no vuelve mala su propuesta.
Cuidado con el límite: no toda mención de la persona es falacia. Si alguien recomienda una marca y resulta que la vende, ese dato sí es pertinente. Lo que decide es si el rasgo tiene relación con lo discutido.
2. Apelación a las masas
Se toma la cantidad de gente como prueba.
Todo el mundo lo hace, entonces no tiene nada de malo.
Qué falta: una razón propia. Que muchos crean algo no lo vuelve cierto; la historia está llena de creencias compartidas por casi todos y equivocadas.
3. Generalización apresurada
Se concluye sobre todos a partir de muy pocos casos.
Los dos taxistas que me tocaron fueron groseros: los taxistas son groseros.
Qué falta: una muestra suficiente y variada. Dos casos no alcanzan para hablar de un oficio entero.
4. Falsa causa
Se toma la sucesión por causa.
Desde que pusieron el semáforo hay más choques; el semáforo los causa.
Qué falta: descartar otras explicaciones. Que dos cosas ocurran seguidas no prueba que una produzca la otra: pudo aumentar el tránsito, cambiar el horario de salida del cole o ser casualidad.
5. Falso dilema
Se presentan dos salidas como si fueran las únicas.
O prohibimos los celulares o aceptamos que nadie aprenda.
Qué falta: las demás opciones, que existen y se escondieron: usarlos con reglas, recogerlos solo en exámenes, permitirlos en ciertas clases.
| Falacia | Pieza que falta | Señal en el texto |
|---|---|---|
| ad hominem | razón sobre el contenido | se habla de quién, no de qué |
| apelación a las masas | razón propia | «todo el mundo», «siempre se hizo» |
| generalización apresurada | muestra suficiente | de dos casos a «todos» |
| falsa causa | descarte de otras causas | «desde que… entonces» |
| falso dilema | las otras opciones | «o esto o lo otro» |
Por qué convencen si están rotas
Las falacias funcionan porque no apelan a la razón, apelan a otra cosa: al prestigio o al desprestigio de quien habla, al deseo de no quedar afuera del grupo, al miedo, a la prisa. Todas son reacciones humanas normales, y por eso el truco pasa desapercibido mientras se lee rápido.
Reconocerlas no sirve solo para el examen: sirve para leer publicidad, discursos y publicaciones de redes sin que te lleven de la mano.
Ejemplos resueltos
1. «Esta crema es la mejor: la usan nueve de cada diez actrices.» Apelación a las masas, combinada con prestigio. La cantidad de usuarias mide popularidad, no calidad. Para sostener «la mejor» harían falta razones sobre el producto.
2. «El diputado propuso mejorar los buses, pero ese señor ni siquiera maneja.» Ad hominem. Se discute a la persona, no la propuesta. Y el rasgo no es pertinente: no manejar no impide entender un sistema de transporte.
3. «Desde que llegó el profe nuevo, la clase salió mal en el examen. Es culpa de él.» Falsa causa. Hubo coincidencia en el tiempo, pero no se descartó nada: el tema pudo ser más difícil, el grupo pudo faltar, el examen pudo cambiar.
4. «O te ponés a estudiar ahora o nunca vas a lograr nada en la vida.» Falso dilema. Entre esas dos salidas hay muchas: estudiar más tarde, estudiar de otra forma, pedir ayuda. El argumento gana fuerza escondiendo alternativas.
5. «Conozco tres personas que no usan casco y nunca les pasó nada; el casco no sirve.» Generalización apresurada. Tres casos no permiten concluir sobre todos, y además la muestra está mal escogida: solo incluye a quienes no tuvieron accidentes.
Los errores que más se cobran
- Llamar falacia a cualquier opinión con la que no se está de acuerdo. Una falacia no es una idea distinta: es un razonamiento donde las razones no sostienen la conclusión, y eso se demuestra señalando el hueco.
- Confundir falacia con mentira. En la mentira los datos son falsos; en la falacia pueden ser todos ciertos. Lo que falla es el salto de los datos a la conclusión.
- Marcar ad hominem cada vez que se nombra a alguien. Cuando el rasgo de la persona afecta la confiabilidad de lo que dice, mencionarlo es legítimo.
- Aprender los nombres sin la pregunta. Con la lista sola no se puede analizar un texto nuevo. La pregunta de si la conclusión se sigue es lo que se aplica.
- Quedarse en nombrar la falacia. Una respuesta completa dice además qué le falta al argumento para ser válido: eso es lo que demuestra comprensión.
- Suponer que toda emoción en un texto es falacia. Un texto puede conmover y además dar razones. Solo es falacia cuando la emoción reemplaza a la razón.
Clave de análisis
Si en el examen no te acordás de ningún nombre, podés resolverlo igual: aplicá la pregunta única —si todo esto fuera cierto, ¿tendría que aceptar la conclusión?— y, cuando la respuesta sea no, buscá dónde se rompió el paso. Van a aparecer solos tres grandes tipos.
Si el texto dejó de hablar del tema y se puso a hablar de quién argumenta, tenés el ataque a la persona. Si puso en lugar de la razón algo que no es razón —la cantidad de gente, la fama, el miedo—, tenés una apelación. Y si saltó más lejos de lo que sus datos permiten —de dos casos a todos, de la coincidencia a la causa, de dos opciones a que no hay más—, tenés un salto lógico.
Con esos tres cajones clasificás cualquier falacia, incluso una que nunca hayas visto nombrada. Y lo más importante para la nota: acostumbrate a cerrar la respuesta diciendo qué le habría hecho falta al argumento —una razón sobre el contenido, una muestra más grande, descartar otras causas, mostrar las demás opciones—. Nombrar es la mitad; señalar la pieza ausente es lo que prueba que entendiste.