Las personas jóvenes y la seguridad
Al terminar vas a poder explicar por qué las personas jóvenes aparecen a la vez como el grupo más señalado y el más afectado por la inseguridad, distinguir un factor de riesgo de un factor de protección, y decidir qué hace falta en un caso concreto para que un joven esté más seguro.
La doble posición de la juventud
Cuando se habla de seguridad y juventud, el discurso público suele ir en una sola dirección: los jóvenes como problema. Esa mirada deja afuera la mitad del asunto.
Las personas jóvenes son, al mismo tiempo, el grupo más señalado como amenaza y uno de los más expuestos a sufrir violencia. Reciben más control policial, más desconfianza en comercios y más dificultad para conseguir empleo por su edad, y a la vez son víctimas frecuentes de agresiones, acoso, violencia en el noviazgo y captación por parte de grupos delictivos.
Cualquier análisis que trate a la juventud solo como origen del problema va a fallar, porque ignora que la mayoría de los jóvenes son personas afectadas por la inseguridad, no causantes de ella.
Y hay algo que el derecho costarricense deja claro: las personas menores de edad son sujetos de derechos, con protección especial del Estado, no objetos de vigilancia.
Dónde ocurre la inseguridad de una persona joven
No ocurre solo en la calle. Conviene recorrer los espacios porque cada uno tiene su forma propia.
En el colegio: acoso escolar, exclusión sistemática, agresiones físicas, y hostigamiento que continúa por redes cuando la persona ya salió del centro educativo.
En la casa: violencia intrafamiliar, castigo físico, descuido. Es el espacio del que menos se habla y donde más difícil resulta pedir ayuda.
En la calle y el transporte: robos, agresiones, acoso callejero, que afecta de forma especialmente frecuente a las mujeres jóvenes.
En línea: suplantación, difusión de imágenes sin permiso, amenazas, contacto de personas adultas con intenciones de abuso.
En las relaciones de pareja: control del celular, celos presentados como prueba de amor, aislamiento de amistades, presión sexual. Muchas veces no se reconoce como violencia justamente porque se confunde con afecto.
Factores de riesgo y factores de protección
Esta es la herramienta central de la lección, y funciona como una balanza.
Un factor de riesgo es una condición que aumenta la probabilidad de que una persona sufra o ejerza violencia. Un factor de protección es una condición que la reduce. Ninguno de los dos determina nada: modifican probabilidades.
| Factor de riesgo | Factor de protección que lo contrapesa |
|---|---|
| Abandono del colegio | Permanencia educativa y apoyo para seguir |
| Falta de espacios y actividades | Deporte, arte, grupos juveniles, casas de cultura |
| Consumo de alcohol y otras drogas | Información y programas de prevención |
| Familia ausente o violenta | Al menos una persona adulta de confianza |
| Barrio sin organización vecinal | Comunidad organizada que acompaña |
| Falta de oportunidades de empleo | Formación técnica y primer empleo |
Fijate en la lógica de la tabla: cada protección es el reverso exacto de un riesgo. Por eso no hace falta guardar dos listas: con entender el riesgo se deduce la protección.
Y fijate en algo más: casi ningún factor depende solo del joven. Dependen de que exista escuela, cancha, empleo, familia sostenida y comunidad. Por eso la seguridad de las personas jóvenes es una responsabilidad colectiva.
Qué protege de verdad
Permanecer en el sistema educativo. Es el factor protector más potente que se conoce. No solo por el título: el colegio ocupa tiempo, sostiene vínculos con pares y con personas adultas, y mantiene abierta una expectativa de futuro. Quien tiene un plan es más difícil de captar.
Tener actividades y espacios. Deporte, música, arte, grupos comunales. Ocupan tiempo, dan reconocimiento y ofrecen un grupo de pertenencia que no exige hacer daño para pertenecer.
Contar con una persona adulta de confianza. Puede ser madre, padre, abuela, docente, entrenador. No hace falta que sean muchas: una sola cambia de manera notable la situación.
Saber a quién acudir. En Costa Rica existen el PANI, para protección de la niñez y la adolescencia; el 911, para emergencias; los servicios de orientación del colegio; y las delegaciones de la Fuerza Pública.
Ejemplos resueltos
1. Un joven deja el colegio y pasa el día sin actividad. ¿Por qué eso es un factor de riesgo? Porque pierde a la vez tiempo ocupado, vínculos con pares y con personas adultas, y expectativa de futuro. Esos tres huecos son justo los que otros grupos ofrecen llenar, con pertenencia inmediata y a un costo alto.
2. Una pareja revisa el celular de la otra «porque se quieren». ¿Cómo se analiza? Es violencia en el noviazgo: control disfrazado de afecto. La señal para reconocerla es que reduce la libertad y el mundo de la otra persona, aunque se explique con palabras cariñosas.
3. En una comunidad se abre una cancha con entrenadores por las tardes. ¿Qué factor se está fortaleciendo? Varios a la vez: espacios y actividades, vínculo con personas adultas de confianza y organización comunal. Una sola medida bien pensada puede contrapesar más de un riesgo.
4. Un comercio vigila a todos los jóvenes que entran. ¿Qué efecto produce eso en la seguridad? Efecto negativo doble: trata como sospechosas a personas que no hicieron nada, lo que genera exclusión y resentimiento, y distrae la atención del riesgo que pueda venir de alguien que no calza con el estereotipo.
5. ¿Por qué se dice que la seguridad juvenil es responsabilidad colectiva y no individual? Porque los factores que más pesan —colegio, espacios, empleo, familia sostenida, comunidad organizada— no los produce el joven por su cuenta. Exigirle que se cuide solo, sin ninguno de ellos, es pedirle lo imposible.
Los errores que más se cobran
- Tratar a la juventud solo como amenaza. Es también el grupo más expuesto a sufrir violencia. Quedarse con una sola cara impide entender el fenómeno.
- Confundir factor de riesgo con causa segura. Un factor de riesgo aumenta una probabilidad; no decide un destino. Leerlo como sentencia estigmatiza a personas que no han hecho nada.
- Creer que la prevención es solo vigilancia. Lo que más protege es permanencia educativa, actividades, empleo y vínculos. El control llega después y no reemplaza a nada de eso.
- No reconocer la violencia en el noviazgo. El control del celular, los celos y el aislamiento son violencia, aunque se presenten como muestras de amor.
- Olvidar el espacio digital. Buena parte del acoso y de la amenaza que viven las personas jóvenes ocurre en línea y continúa fuera del horario escolar.
- Suponer que pedir ayuda es delatar. Acudir a una persona adulta de confianza, al colegio o al PANI es ejercer un derecho, y es lo que permite frenar una situación antes de que crezca.
Clave de análisis
Si te ponen el caso de un joven y te preguntan qué hacer, no empieces por la sanción. Empezá pasando el caso por la balanza de factores: ¿está en el colegio o lo dejó?, ¿tiene actividades y un grupo donde pertenecer?, ¿hay al menos una persona adulta de confianza cerca?, ¿la comunidad está organizada o cada quien anda por su lado?, ¿hay alguna oportunidad de empleo o de formación a la vista? Cada respuesta negativa es un factor de riesgo, y cada factor de riesgo ya te dice cuál es la medida que lo contrapesa, porque la protección es su reverso.
La segunda idea, la que evita el error más frecuente, es sostener las dos caras al mismo tiempo: la persona joven puede estar en riesgo de sufrir violencia y a la vez ser señalada como si fuera la amenaza. Tener presentes las dos permite explicar por qué el estigma empeora la seguridad de todos, y por qué las medidas que funcionan son las que abren caminos —colegio, cancha, trabajo, acompañamiento— y no las que cierran puertas.