Lo que dice el texto y lo que te parece a vos: cómo no mezclarlos

Al terminar vas a poder separar lo que el texto sostiene de lo que te parece a vos, reconocer las cuatro formas en que la opinión propia se disfraza de respuesta, y comprobar cada opción contra el pasaje en lugar de contra tu experiencia.

Por qué esta es la trampa número uno

Cuando leemos un cuento, el cerebro hace dos cosas a la vez: entiende lo que pasa y opina sobre lo que pasa. Las dos ocurren tan pegadas que se confunden. La prueba lo sabe, y por eso una de sus evidencias pide exactamente esto: establecer las diferencias entre las opiniones propias y las ideas del texto literario.

La pregunta del examen nunca es «¿qué harías vos?». Siempre es «¿qué sostiene este pasaje?». Cambiar una pregunta por la otra es el error más caro de la mitad literaria.

Y es un error difícil de ver desde adentro, porque la opinión propia se siente como comprensión. Uno está seguro. Por eso hace falta un procedimiento, no buena voluntad.

Las cuatro formas en que la opinión se cuela

Se ve así Qué pasó de verdad Cómo se corrige
«Yo en su lugar habría…» pusiste tu decisión en el personaje preguntá qué hizo él
«Eso estuvo mal» juzgaste en vez de describir preguntá qué muestra el texto
«Es una persona egoísta» pusiste etiqueta de carácter preguntá qué hizo esta vez
«El tema es que hay que ser honrado» convertiste el tema en consejo el tema nombra, no aconseja

Las cuatro tienen la misma raíz: la respuesta salió de vos y no del papel. Y las cuatro se descartan con la misma pregunta, que conviene decirse en voz baja antes de marcar: ¿en cuál parte del texto está esto?

La prueba del dedo

Es un procedimiento de un solo paso y funciona en cualquier ítem literario.

Tomá la opción que ibas a marcar y buscá con el dedo la parte del pasaje que la sostiene. Puede ser una frase, una acción o un detalle. Si la encontrás, la opción tiene respaldo. Si no la encontrás, la opción es tuya, no del texto.

Ojo con una cosa: el respaldo no tiene que estar con las mismas palabras. En un cuento, «tenía miedo» puede estar respaldado por «no soltó la mano del portón». Lo que se exige es un apoyo concreto, no una coincidencia de vocabulario.

Opinión propia contra deducción

Son parecidas y no son lo mismo. Las dos agregan algo que el texto no escribió; lo que cambia es de dónde sale ese algo.

Ejemplo. El pasaje dice que un hombre le prestó su carreta a un vecino y se quedó sin poder ir a la feria. «Perdió su día de venta» es deducción: el texto lo obliga. «Fue muy noble» es opinión: el texto lo permite, pero no lo sostiene. En el examen, la deducción se marca y la opinión se descarta.

Una opinión puede ser justa, generosa y verdadera, y aun así estar mala en el examen, porque la pregunta no es sobre el mundo: es sobre el pasaje.

Una carreta de bueyes con las ruedas pintadas al estilo costarricense. La lección presta una carreta como esta para separar dos cosas que se parecen: que el dueño perdió su día de venta es deducción, porque el texto obliga a concluirlo, y que fue muy noble es opinión, porque el texto lo permite pero no lo pide. En el examen la primera se marca y la segunda se descarta. Imagen de Flickr, Expat Bob, licencia CC BY.
Una carreta de bueyes con las ruedas pintadas al estilo costarricense. La lección presta una carreta como esta para separar dos cosas que se parecen: que el dueño perdió su día de venta es deducción, porque el texto obliga a concluirlo, y que fue muy noble es opinión, porque el texto lo permite pero no lo pide. En el examen la primera se marca y la segunda se descarta. Imagen de Flickr, Expat Bob, licencia CC BY.

Ejemplos resueltos

1. Un cuento: una mujer devuelve un billete que se le cayó a otra persona en la parada. Pregunta: «¿Qué motiva a la mujer?» Opción A: «Su honradez es un ejemplo para todos». Opción B: «No quiere quedarse con algo que no es suyo». ¿Cuál? La B. La A es un juicio del lector («es un ejemplo para todos»). La B describe lo que el hecho sostiene.

2. «Yo en su lugar habría reclamado.» ¿Cuándo sirve esta frase en el examen? Nunca. Es la forma más pura de opinión propia: reemplaza al personaje por vos. En el examen solo interesa qué hizo el personaje y qué muestra eso.

3. Un pasaje muestra a un muchacho que deja los estudios para trabajar. Pregunta por el tema. Opción: «Hay que terminar el colegio». ¿Sirve? No. El tema nombra un asunto, no da consejos. Serviría «el abandono de los estudios por necesidad económica».

4. Un personaje se niega a ayudar a un vecino. Opción: «El personaje es una mala persona». ¿Cómo se descarta? Con la prueba del dedo. No hay en el pasaje nada que sostenga «mala persona»: hay un hecho, una negativa. Lo que el texto aguanta es «esta vez no quiso ayudar», y la causa se busca en el propio texto.

5. Pregunta: «¿Qué piensa la abuela cuando ve la casa vendida?» Una opción dice «que es injusto que vendan las casas viejas». ¿Sirve? No, salvo que el texto lo muestre. Esa frase es una opinión general sobre el mundo. Si el pasaje solo dice que la abuela se quedó callada en la acera, lo que sostiene es tristeza o pérdida, no una postura sobre las casas viejas.

Los errores que más se cobran

  1. Contestar lo que uno haría. Se cuela porque se siente natural. Se corta preguntando por el personaje, no por vos.
  2. Convertir el tema en moraleja. El tema se formula con un sustantivo —el abandono, la envidia, la migración—, no con un mandato.
  3. Poner etiquetas de carácter. Un hecho muestra una intención, nunca una personalidad completa.
  4. Marcar la opción más amable. En los cuentos, la opción que suena más bonita suele ser el juicio del lector. La correcta muchas veces es más seca.
  5. Confundir «es verdad» con «lo dice el texto». Una afirmación puede ser cierta en la vida real y no estar sostenida por el pasaje. La prueba pregunta por el pasaje.
  6. Descartar la opción correcta por parecer fría. Como la respuesta buena se limita a lo que el texto aguanta, a veces parece incompleta. Esa limitación es justamente lo que la vuelve correcta.

Clave de análisis

Hay una sola frase que reconstruye toda la lección: en la prueba, la autoridad es el texto y no el lector. De ahí sale todo lo demás. Sale la prueba del dedo, que es pedirle a cada opción que muestre dónde se apoya. Sale la diferencia entre deducción y opinión: la deducción tiene apoyo obligatorio, la opinión solo tiene permiso. Y sale la forma de las respuestas correctas, que suelen ser más pequeñas y menos entusiastas que las falsas.

Si te quedás con algo, que sea el gesto: antes de marcar, poné el dedo sobre la línea del pasaje que sostiene la opción. Las cuatro trampas —lo que yo haría, lo que estuvo mal, la etiqueta de carácter y el consejo— se caen todas en ese gesto, porque ninguna tiene línea dónde apoyarse.

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