Competencia escrita
Las clases de palabras
Al terminar vas a poder explicar por qué las clases de palabras se dividen primero en variables e invariables, decidir a qué clase pertenece cualquier palabra de una oración con tres preguntas, y reconocer cuándo una misma palabra cambia de clase según dónde esté.
Por qué se agrupan, y por qué en ese orden
Las palabras no se clasifican por su significado sino por lo que pueden hacer dentro de la oración. Correr y carrera significan casi lo mismo, pero una funciona como verbo y la otra como sustantivo. Esa es la idea que manda: la clase la da la función, no el tema.
Y la primera división sale de una prueba muy simple: ¿la palabra cambia de forma?
- niño / niña / niños / niñas → cambia. Es variable.
- ayer / ayer / ayer → no cambia nunca. Es invariable.
De ahí salen cinco variables y cuatro invariables, nueve en total. No es un número arbitrario: es el resultado de cortar por ahí.
Las variables cambian porque tienen que concordar con algo. El adjetivo se acomoda al sustantivo; el verbo, al sujeto. Las invariables no concuerdan con nada, por eso están congeladas.

Las cinco variables: dos núcleos y tres satélites
Acá está la segunda razón que ordena todo. De las nueve clases, solo dos son núcleo: el sustantivo y el verbo. Todo lo demás gira alrededor de uno de esos dos.
- Sustantivo: nombra personas, animales, cosas o ideas. casa, perro, amor, San José. Es el núcleo del sujeto.
- Adjetivo: describe al sustantivo, se le acomoda en género y número. casa grande, perro feliz.
- Artículo: va antes del sustantivo para concretarlo. el perro, una casa. Sin él, perro ladra suena incompleto.
- Pronombre: sustituye al sustantivo. él, nosotros, eso; en la forma posesiva lo acompaña: mi mochila.
- Verbo: expresa acción o estado y cambia de tiempo y persona. corremos, soy, estudiábamos. Es el núcleo del predicado.
Fijate en el patrón: adjetivo, artículo y pronombre no existen sin un sustantivo cerca —lo describen, lo concretan o lo reemplazan—. Por eso son satélites.

Las cuatro invariables: tres pegamentos y un grito
- Adverbio: modifica al verbo, al adjetivo o a otro adverbio. ayer, muy, bien, aquí, rápidamente. Es el satélite del verbo, igual que el adjetivo lo es del sustantivo.
- Preposición: enlaza una palabra con lo que la completa. a, de, en, con, por, para. Siempre queda algo detrás: con entusiasmo.
- Conjunción: une oraciones o palabras del mismo nivel. y, pero, porque, o.
- Interjección: expresa emoción. ¡ay!, ¡hola!, ¡uf!. Es la única clase que puede ser una oración entera ella sola.
| Pregunta que le hacés | Clase | ¿Variable? |
|---|---|---|
| ¿Qué es? ¿Quién es? | sustantivo | sí |
| ¿Cómo es? | adjetivo | sí |
| ¿Qué hace o qué le pasa? | verbo | sí |
| ¿Cuándo, dónde, cómo, cuánto? | adverbio | no |
| ¿Qué enlaza y con qué? | preposición o conjunción | no |
Una oración desarmada paso a paso
Mi amiga llega mañana con mucho entusiasmo y ¡guau!, qué alegría.
- Mi (pronombre, en su forma posesiva: acompaña a amiga)
- amiga (sustantivo: nombra)
- llega (verbo: acción, y cambia de tiempo — llegó, llegará)
- mañana (adverbio: contesta ¿cuándo? y no cambia)
- con (preposición: deja algo pendiente detrás)
- mucho (adjetivo: se acomoda al sustantivo — mucho entusiasmo, mucha alegría)
- entusiasmo (sustantivo: nombra una idea)
- y (conjunción: une)
- ¡guau! (interjección: emoción suelta)
El orden en que conviene desarmar no es de izquierda a derecha. Marcá primero el verbo, después el sustantivo. Ubicados los dos núcleos, cada palabra restante se acomoda sola: lo que está pegado al sustantivo es artículo, adjetivo o posesivo; lo que está pegado al verbo es adverbio.
Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
— Antonio Machado, «Proverbios y cantares, XXIX», Campos de Castilla, 1917
Desarmá el último verso, que tiene cinco palabras y cuatro clases distintas: se es pronombre, hace es verbo, camino es sustantivo, al es la preposición a fundida con el artículo el, y andar es otra vez verbo, en infinitivo. Ahora probá la pregunta de la lección con dos palabras del verso anterior: no no cambia nunca de forma, así que es invariable —adverbio—; tus sí cambia (tu huella / tus huellas), así que es variable. La misma palabra caminante, que acá nombra a alguien, es sustantivo, aunque salga del verbo caminar: la clase la da la función, no de dónde viene.
Ejemplos resueltos
1. En «El bajo sonaba fuerte» y «Pasó por debajo, muy bajo», ¿es la misma clase? No. En la primera, bajo lleva artículo delante y nombra un instrumento: es sustantivo. En la segunda modifica al verbo pasó y contesta ¿cómo?: es adverbio. La clase no está en la palabra, está en el puesto que ocupa.
2. ¿Rápido* en «Corré rápido» es adjetivo o adverbio?* Adverbio. La prueba es la concordancia: si fuera adjetivo tendría que acomodarse a alguien —carro rápido, carreta rápida—. Acá no hay sustantivo al que acomodarse; está modificando a corré. Y no cambia: corran rápido, nunca rápidos.
3. En «Estudié porque tenía examen», ¿porque* es preposición o conjunción?* Conjunción. La diferencia está en qué viene detrás: la preposición arrastra una palabra o un grupo (por el examen), la conjunción arrastra una oración entera con su propio verbo (tenía examen).
4. ¿Cuántas clases hay en «¡Uf! Ese examen estuvo durísimo»? Cinco: ¡Uf! interjección, Ese pronombre en función de acompañante, examen sustantivo, estuvo verbo, durísimo adjetivo. Fijate que durísimo concuerda con examen en masculino singular: esa concordancia es la que confirma que es adjetivo.
5. ¿Por qué casa es variable y aquí no? Porque casa tiene género y número —casas— y necesita concordar con su artículo y su adjetivo: las casas viejas. Aquí no concuerda con nada ni con nadie, así que no tiene con qué cambiar. Ser variable no es una etiqueta: es una consecuencia de tener que concordar.
Los errores que más se cobran
- Clasificar la palabra sola, fuera de la oración. Bajo, cerca, mañana cambian de clase según el puesto. Si no leés la oración completa, estás adivinando.
- Confundir adjetivo con adverbio. Los dos «describen». La diferencia real es a quién: el adjetivo al sustantivo y concuerda con él; el adverbio al verbo y no cambia nunca.
- Llamar preposición a la conjunción. Se parecen porque las dos enlazan. Mirá lo que sigue: si sigue una oración con verbo propio, es conjunción.
- Creer que artículo y adjetivo son lo mismo. El artículo no describe, solo señala si el sustantivo es conocido (el) o no (un). No aporta cualidad.
- Buscar el sustantivo antes que el verbo. El verbo es el único que siempre está, aun cuando el sujeto no aparece escrito. Arrancar por él ahorra la mitad del análisis.
- Dejar la interjección afuera. Como va con signos y parece adorno, mucha gente ni la marca. Es una de las nueve clases y se pregunta.
Clave de análisis
Si se te borra la lista de nueve, no hace falta recuperarla entera de golpe: se reconstruye con dos cortes. Primer corte: ¿la palabra cambia de forma? Las que cambian son cinco, y cambian porque tienen que concordar con alguien. Las que no cambian son cuatro, y no cambian porque no concuerdan con nadie.
Segundo corte, dentro de cada grupo: ¿es núcleo o gira alrededor de un núcleo? Sustantivo y verbo son los dos núcleos. Artículo, adjetivo y pronombre giran alrededor del sustantivo —lo concretan, lo describen, lo reemplazan—. El adverbio gira alrededor del verbo. Preposición y conjunción no giran: pegan. Y la interjección no se relaciona con nada, por eso es la única que se sostiene sola.
Con esos dos cortes en la cabeza, en el examen el procedimiento es siempre el mismo: encerrá el verbo, encerrá el sustantivo, y preguntale a cada palabra que quede a quién está sirviendo.











