Competencia escrita
Complementos del predicado
Al terminar vas a poder distinguir el complemento directo del indirecto y de los circunstanciales, explicar por qué la pregunta «¿a quién?» no alcanza para decidir y usar las dos pruebas que sí deciden: la sustitución por pronombre y la de mover el complemento de lugar.
El predicado es el verbo con toda su gente
Una oración tiene sujeto y predicado. El predicado es el verbo y todo lo que lo acompaña, y lo acompaña porque el verbo lo pide: dar no se entiende si no se dice qué se da y a quién; llegar no pide eso, pero admite que le digan cuándo y dónde.
Por eso los complementos no son adornos: son las piezas que el verbo necesita o admite, y se clasifican según qué papel juegan en la acción. Lo que recibe directamente la acción es el complemento directo; aquel a quien le llega el resultado, el indirecto; las circunstancias en que ocurre, los circunstanciales. Si esa razón la tenés clara, no necesitás la lista.
Complemento directo: sobre qué cae la acción
Es la persona, animal o cosa sobre la que cae directamente la acción. La prueba que lo delata es la sustitución por lo, la, los, las: compré un pan → lo compré; vi a mi abuela → la vi.
Hay una segunda prueba que confirma: pasar la oración a voz pasiva, porque el CD es lo único que puede convertirse en sujeto de la pasiva. Compré un pan → Un pan fue comprado por mí.
Complemento indirecto: a quién le llega
Es la persona, animal o cosa que recibe el beneficio o el daño de la acción. Se sustituye por le, les: di el libro a mi hermano → le di el libro; conté el cuento a los niños → les conté.
Un detalle que confunde y tiene explicación simple: cuando en la misma oración se sustituyen los dos complementos, el le se convierte en se. Le di el libro + lo = Se lo di, nunca «le lo di», porque le lo es impronunciable. Si en un ejercicio ves se lo di, ese se es un CI disfrazado.

Por qué la pregunta «¿a quién?» no alcanza
Acá está el punto que más cuesta en la prueba. Las preguntas al verbo funcionan casi siempre, salvo en un caso, y es justo el que el examen escoge.
En español, el CD de persona lleva «a» delante: decimos vi a mi abuela, no vi mi abuela. Esa «a» es la misma preposición que encabeza el CI, y ahí se arma el enredo: dos complementos distintos, con la misma pregunta y la misma preposición.
La preposición «a» no distingue nada. El pronombre sí. Si la frase se cambia por lo/la/los/las, es CD; si se cambia por le/les, es CI.
Miralo en dos oraciones casi idénticas: visité a mi tía → la visité, CD, porque la acción cae sobre ella; escribí a mi tía → le escribí, CI, porque lo que escribí es otra cosa y a ella le llegó.
| Complemento directo | Complemento indirecto | |
|---|---|---|
| Qué papel cumple | recibe la acción | recibe el beneficio o el daño |
| Se cambia por | lo, la, los, las | le, les (o se) |
| Prueba de la pasiva | puede ser sujeto | no puede |
| Ejemplo | Vi a mi abuela → la vi | Di el libro a él → le di |
Circunstanciales: se reconocen porque se pueden mover
Los complementos circunstanciales dicen en qué circunstancia ocurre la acción, y se identifican preguntando al verbo:
- De lugar (¿dónde?): Estudio en la biblioteca.
- De tiempo (¿cuándo?): Llegaré mañana.
- De modo (¿cómo?): Corrió rápido.
- De cantidad (¿cuánto?): Comí mucho.
- De compañía (¿con quién?): Fui a la feria con mi papá.
- De causa (¿por qué?): Faltó por la lluvia.
- De finalidad (¿para qué?): Estudia para aprobar.
La lista es larga, pero no hay que aprenderla de a una: son todas la misma cosa y solo cambia la pregunta que las saca.
Y hay una prueba que los separa de los otros dos sin depender de la pregunta: los circunstanciales se mueven de lugar y se pueden quitar. Ayer estudié en la biblioteca y En la biblioteca estudié ayer funcionan igual, y si quitás las dos circunstancias queda estudié, que sigue siendo oración. Probá lo mismo con un CD: compré, sin decir qué, queda colgado.

Ejemplos resueltos
1. Analizá: «Ayer, mi mamá compró un pastel para mi hermano en la panadería.» Sujeto: mi mamá. Verbo: compró. CD (¿qué compró?): un pastel → lo compró, que pasa la prueba del pronombre y la de la pasiva. CI (¿para quién?): para mi hermano → le compró. CC de tiempo: ayer; CC de lugar: en la panadería. Comprobación: sacá esos dos y la oración sigue completa; sacá un pastel y queda coja.
2. En «Llamé a Marcela», ¿«a Marcela» es CD o CI? Es CD, aunque lleve «a». Cambiala por pronombre: la llamé, no le llamé. Y aguanta la pasiva: Marcela fue llamada por mí. La preposición engaña; el pronombre decide.
3. En «Se lo entregué al profesor ayer», ¿cuáles son los complementos? El lo es el CD: sustituye a la cosa entregada. El se es el CI, que sería le si estuviera solo, y aparece repetido en al profesor: eso se llama duplicación y es normal. Ayer es CC de tiempo.
4. «Mi hermano corrió rápido en el Estadio Nacional.» ¿Dónde está el CD? No hay. Correr no pide una cosa sobre la cual caiga la acción: no hay nada que se pueda cambiar por lo o la. Solo hay dos circunstanciales, rápido (modo) y en el Estadio Nacional (lugar). No todas las oraciones tienen CD, y esa es media respuesta en muchos ejercicios.
Los errores que más se cobran
- Decidir por la preposición «a». Es el error número uno, porque el CD de persona también la lleva.
- Usar solo la pregunta «¿a quién?». Sirve para las dos clases a la vez. Usala para localizar el complemento, nunca para nombrarlo.
- Confundir CI con CC de finalidad. Estudia para aprobar no tiene CI: nadie recibe nada. Si el «para» va seguido de alguien que recibe, revisá con le.
- Creer que toda oración tiene CD. Verbos como correr o dormir no lo admiten, y buscarlo a la fuerza lleva a marcar como directo lo que era circunstancia.
- Marcar el sujeto como complemento. El sujeto no está en el predicado. La prueba: cambiá el número del verbo y mirá qué frase cambia con él.
- Cortar el complemento a la mitad. Es la frase entera: en la panadería, no panadería; a mi abuelo, no abuelo.
Clave de análisis
Todo se rearma con una pregunta: ¿qué papel juega esta frase en la acción del verbo? Si es aquello sobre lo que la acción cae, es directo. Si es alguien a quien le llega el resultado, es indirecto. Si dice cuándo, dónde, cómo o por qué ocurre, es circunstancial. Los nombres no son etiquetas sueltas: describen el papel, y por eso se deducen.
Y cuando la intuición no basta, quedan dos pruebas mecánicas. La del pronombre separa el directo del indirecto, que es donde está la trampa: lo/la/los/las contra le/les. La de mover y quitar separa los circunstanciales de los otros dos: lo que se puede cambiar de lugar y sacar sin que la oración quede coja es circunstancia.
Conviene hacerlo siempre en el mismo orden: subrayá el verbo, buscá el sujeto cambiando su número, y después preguntá al verbo uno por uno, confirmando cada respuesta con el pronombre antes de escribir la etiqueta. Practicá con pares parecidos —visité a mi tía y escribí a mi tía— hasta que esa prueba te salga automática.











