Competencia escrita
Sujeto y predicado
Al terminar vas a poder separar el sujeto del predicado en cualquier oración, encontrar el núcleo de cada uno, explicar por qué la pregunta «¿quién?» a veces da la respuesta equivocada y qué prueba usar en su lugar, y distinguir el sujeto tácito de la oración que sencillamente no tiene sujeto.
Las dos mitades de la oración
Toda oración tiene dos partes:
- Sujeto: de quién o de qué se habla.
- Predicado: lo que se dice del sujeto.
No es un reparto arbitrario. Una oración existe porque alguien afirma algo sobre alguien o algo. Sacale una mitad y deja de ser oración: Los niños sola no dice nada; juegan en el parque deja colgando de quién se habla.
La pregunta «¿quién?», y dónde se cae
El método que todo el mundo conoce es preguntarle ¿quién? o ¿quiénes? al verbo.
- Los niños juegan en el parque.
- ¿Quiénes juegan? → Los niños (sujeto). El resto, juegan en el parque, es el predicado.
Funciona casi siempre. Pero conviene saber dónde deja de funcionar, porque el examen pregunta justo en esos casos. Probá con esta:
- A María le gustan los tamales.
- ¿Quién? → «María», contesta cualquiera. Y está mal.
El sujeto es los tamales. Lo prueba el verbo: dice gustan, en plural, y lo único plural ahí es los tamales. Si fuera María, diría gusta.
La pregunta «¿quién?» busca al que hace la acción, y el sujeto no siempre hace algo: a veces lo recibe o simplemente existe. La ventana fue quebrada por el gato: el sujeto es la ventana, que no quebró nada.
La prueba que no falla: la concordancia
El sujeto es la parte de la oración que obliga al verbo a cambiar de forma. Esa es su definición real, y por eso la prueba segura es de número, no de significado.
Dos pasos:
- Encontrá el verbo.
- Pasalo de singular a plural, o al revés, y mirá qué palabra tiene que cambiar con él. Esa es el núcleo del sujeto.
Aplicado al caso difícil: A María le gustan los tamales → A María le gusta el tamal. Cambió los tamales, no María.
Esta prueba también resuelve las oraciones que empiezan al revés: Llegaron las lluvias. El verbo en plural obliga a las lluvias, así que ese es el sujeto aunque esté al final. El sujeto no tiene lugar fijo.
Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lantejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda.
— Miguel de Cervantes, «Don Quijote de la Mancha», primera parte, capítulo I, 1605
Aplicá la prueba y vas a ver por qué acá la pregunta «¿quién?» no sirve de nada. El verbo es consumían, en plural: entonces el sujeto tiene que ser algo plural, y lo único plural es la lista entera de comidas —la olla, el salpicón, los duelos y quebrantos, las lantejas y el palomino—, cinco cosas que funcionan como un solo sujeto. Las tres partes de su hacienda no es el sujeto aunque esté pegado al verbo: es lo que se consume. Y fijate dónde quedó el verbo, hasta el final, con todo el sujeto adelante. (La edición antigua escribe lantejas; hoy escribimos lentejas.)


Los núcleos
Dentro de cada mitad hay una palabra que manda y varias que acompañan.
- Núcleo del sujeto: la palabra más importante del sujeto, casi siempre un sustantivo. En Los niños juegan, el núcleo es niños.
- Núcleo del predicado: siempre es el verbo. En Los niños juegan en el parque, el núcleo es juegan.
Hay una razón para que sean esos dos: son los únicos que concuerdan entre sí. Niños pide juegan; niño pediría juega. Lo demás —artículos, adjetivos, complementos— se acomoda alrededor sin entrar en ese acuerdo.
Los tipos de sujeto son dos clasificaciones, no una
Acá se arma la confusión más común, y se deshace al ver que son dos preguntas distintas.
¿Está escrito?
- Expreso: aparece escrito. María lee un cuento.
- Tácito u omitido: no aparece, pero se entiende. Leemos un cuento → nosotros. Lo sabés por la terminación del verbo, que carga la persona.
¿Cuántos núcleos tiene?
- Simple: un solo núcleo. El perro ladra.
- Compuesto: dos o más. El perro y el gato juegan.
Las dos se cruzan: un sujeto puede ser expreso y compuesto a la vez, o tácito y compuesto —Ella y yo salimos pasado a Salimos—. No se elige entre cuatro palabras: se contestan dos preguntas.
Tácito no es lo mismo que inexistente
Hay oraciones que no tienen sujeto de ninguna manera, y no es que esté escondido:
- Llueve desde ayer.
- Hace calor.
- Hay tres libros sobre la mesa.
La prueba: el tácito se puede reponer y la oración sigue bien. Leemos → Nosotros leemos. En cambio Llueve no admite a nadie delante: no hay quién llueva. En Hay tres libros, «tres libros» tampoco es sujeto —si lo fuera, el verbo diría han—.
Un análisis paso a paso
Mi hermana y su amiga compraron pan en la panadería.
- Verbo: compraron, núcleo del predicado.
- Concordancia: en singular queda compró, y habría que decir Mi hermana compró. Cambian mi hermana y su amiga.
- Sujeto: Mi hermana y su amiga. Núcleos: hermana y amiga → expreso y compuesto.
- Predicado: compraron pan en la panadería.
Ejemplos resueltos
1. «A los estudiantes les preocupan las notas.» ¿Sujeto? Las notas. Pasá el verbo a singular: A los estudiantes les preocupa la nota. Cambió la nota y los estudiantes siguió igual. Ese es el sujeto, aunque «¿quién?» conteste «los estudiantes».
2. «Se vendieron todas las entradas.» ¿Hay sujeto? Sí: todas las entradas. El verbo en plural lo delata. Nadie «hizo» nada visible y aun así hay sujeto, porque el sujeto no es el que actúa sino el que concuerda.
3. «Ayer llovió toda la tarde.» ¿Sujeto tácito? No: no tiene sujeto. Probá reponerlo y no aparece nadie. Toda la tarde es complemento de tiempo: no podés decir Todas las tardes llovieron con el mismo sentido.
4. «Comieron gallo pinto en la soda.» ¿Qué tipo de sujeto? Tácito, repuesto por la terminación del verbo: ellos o ellas. Fijate que gallo pinto no es sujeto: es lo comido, y la prueba lo confirma —Comió gallo pinto no lo obliga a cambiar—.
5. «El director del colegio y la profesora de español entregaron los diplomas.» ¿Núcleos del sujeto? Director y profesora. Del colegio y de español solo especifican, no concuerdan con el verbo. Sujeto compuesto, y por eso el verbo va en plural.
Los errores que más se cobran
- Confiar solo en «¿quién?». Da al que actúa, y el sujeto no siempre actúa. Con gustar, encantar, preocupar o doler, la pregunta manda derecho al error.
- Buscar el sujeto al principio. Puede ir al final —Llegaron las lluvias— o partido. La posición no significa nada; la concordancia sí.
- Confundir sujeto tácito con oración sin sujeto. El tácito se repone y encaja; el impersonal no admite a nadie. Sin esa prueba, llueve termina con «sujeto: el cielo».
- Tomar el complemento directo por sujeto. En Comieron gallo pinto, lo comido está junto al verbo y parece importante. Pasá el verbo a singular: si no cambia, no es el sujeto.
- Marcar como núcleo un sustantivo que solo especifica. En El director del colegio, el núcleo es director. Los complementos con preposición nunca son núcleo.
- Contestar «simple» cuando preguntan si es expreso o tácito. Son dos clasificaciones distintas y las dos se preguntan; mezclarlas cuesta puntos aunque el análisis esté bien.
Clave de análisis
Todo el tema se rearma desde una sola idea: el sujeto es aquello con lo que el verbo tiene que ponerse de acuerdo. De ahí sale el método. Primero buscá el verbo, que es el núcleo del predicado y la única palabra que siempre está. Después cambiale el número y mirá qué palabra se ve obligada a cambiar con él: ese es el núcleo del sujeto, esté donde esté. Lo que no sea el sujeto y sus acompañantes es predicado.
La pregunta «¿quién?» no se bota: es rápida y acierta casi siempre. Solo hay que saber que es un atajo y que se cae cuando el sujeto no actúa. Si el atajo da una respuesta rara, o si el verbo está en plural y no se ve por qué, pasá a la concordancia.
Y para los tipos, contestá dos preguntas separadas: ¿está escrito? —expreso o tácito— y ¿cuántos núcleos tiene? —simple o compuesto—. Si no está escrito, probá reponerlo: si entra, es tácito; si no entra nadie, la oración no tiene sujeto y así se analiza.











