LecciónEspañol · Octavo

Competencia lectora con textos literarios

Leyendas y tradición oral de Costa Rica

Al terminar vas a poder distinguir el mito de la leyenda y del cuento con una sola pregunta, explicar por qué las leyendas costarricenses salen todas de noche y en el camino, y reconstruir las cinco más conocidas por el miedo que cada una servía para meter.

Ya lo sé: ir al ejercicio ↓
Carreta típica costarricense en una fiesta de boyeros, con un buey suelto a la par. Es el objeto más cotidiano del campo, el mismo que la leyenda de la Carreta sin Bueyes vuelve amenaza: de noche, sin bueyes ni boyero, queda el ruido de las ruedas andando solas. Imagen de Wikimedia Commons, Rodtico21, CC BY-SA 3.0.
Carreta típica costarricense en una fiesta de boyeros, con un buey suelto a la par. Es el objeto más cotidiano del campo, el mismo que la leyenda de la Carreta sin Bueyes vuelve amenaza: de noche, sin bueyes ni boyero, queda el ruido de las ruedas andando solas. Imagen de Wikimedia Commons, Rodtico21, CC BY-SA 3.0.

Entender

Tres relatos que se parecen y no son lo mismo

Los tres cuentan una historia y vienen del pueblo. Se separan por qué pretende cada uno respecto de la verdad.

  • Mito: explica el origen del mundo o de algo sagrado, con dioses o seres sobrenaturales. Cómo nació el sol. Pasa fuera del tiempo.
  • Leyenda: mezcla hechos reales con elementos fantásticos y se ubica en un lugar y una época. Se cuenta como si hubiera pasado: en ese río, le pasó al abuelo de alguien.
  • Cuento: relato imaginario, más corto, con inicio, nudo y desenlace. Nadie reclama que sea cierto; empieza con había una vez para avisarlo.

La pregunta que los separa es ¿dónde pasa y quién dice que es verdad? En el principio del mundo y es sagrado: mito. Acá cerca y juran que pasó: leyenda. En ninguna parte y se sabe inventado: cuento.

Qué le hace la transmisión oral a un relato

La tradición oral tiene cuatro rasgos, y los cuatro salen de una sola cosa: el relato viaja en la boca de la gente, no en un papel.

  • Se transmite de boca en boca: nadie puede consultar el original.
  • Como nadie lo escribió primero, no tiene autor conocido: es anónima.
  • Como cada quien la cuenta a su manera, cambia con el tiempo. Por eso hay varias versiones y todas son legítimas.
  • Y como solo sobrevive lo que a la gente le interesa repetir, termina reflejando los valores y creencias de ese pueblo.

Ese último rasgo es la llave de la lección: si algo se sigue contando durante generaciones, es porque le sirve a alguien para algo.

Para qué servían: el camino de noche

Fijate en lo que tienen en común las cinco: todas ocurren de noche, todas en el camino, y a todas se las topa el que debería estar en su casa.

En el campo costarricense, el camino de noche era peligroso de verdad: quebradas, despeñaderos, animales, gente tomada, horas de andar sin una luz. No había cómo prohibirlo ni vigilarlo. Lo que sí había era la palabra, y el pueblo hizo con ella lo que no podía con una cerca: puso un espanto en cada camino.

Estas leyendas enseñan costumbres, miedos y valores del pueblo costarricense, y servían para asustar y así evitar malas conductas, como trasnochar o beber de más. Cada una vigila una falta distinta: ahí está la razón que las reconstruye.

Dibujo de ExamenesCR.
Dibujo de ExamenesCR.

Las cinco, cada una con la falta que corrige

La Segua — al hombre que anda de mujeriego y tomado

Una mujer hermosa que aparece en los caminos a los hombres borrachos o trasnochadores. Al subirla al caballo, se transforma en un monstruo con calavera y ojos rojos.

La lógica: lo que lo atrajo es lo que se vuelve horror. Por eso la Segua tiene que ser hermosa primero: sin esa belleza, el castigo no significaría nada.

El Cadejos — al trasnochador, con premio y con castigo

Un perro grande, negro y peludo, con cadenas, que aparece de noche. Hay cadejo blanco —bueno, protege— y cadejo negro —malo, asusta a los trasnochadores—.

La lógica: es el único espanto con dos caras. Si vas en paz te acompaña el blanco; si vas en malos pasos te sale el negro. No solo amenaza: premia al que anda derecho.

La Llorona — al descuido de los hijos, y al río de noche

Una mujer que vaga de noche llorando por sus hijos. Se escucha su grito «¡Ay, mis hijos!» cerca de los ríos y quebradas.

La lógica: el castigo no es una herida, es llorar para siempre por lo perdido. Y como su grito suena en el agua, advierte a los chiquillos: del río, de noche, mejor lejos.

La Carreta sin Bueyes — al que anda por el camino a deshoras

Una carreta que se mueve sola por los caminos de noche, sin bueyes, haciendo ruido de cadenas.

La lógica: el miedo acá no es una cara, es un sonido sin dueño. La carreta es el objeto más cotidiano del campo, y verla andar sola convierte lo familiar en amenaza.

El Padre sin Cabeza — al que ni con lo sagrado se detiene

Un sacerdote que aparece sin cabeza, montado en un caballo también sin cabeza, recorriendo los caminos de noche.

La lógica: el que aparece es la figura de autoridad moral del pueblo, deformada. Si hasta el cura anda descabezado ahí, en ese camino no hay protección de ninguna clase.

Ver

Ejemplos resueltos

1. Un relato explica cómo los dioses hicieron los primeros ríos. ¿Mito, leyenda o cuento? Mito. No pasa en un lugar que se pueda señalar sino en el tiempo del origen, y los que actúan son seres sagrados.

2. «Mi abuelo oyó las cadenas en el camino a Santa Bárbara una noche de setiembre.» ¿Qué es? Leyenda —la Carreta sin Bueyes—. Tiene las dos marcas: lugar y época concretos, y alguien que la cuenta como cosa que pasó.

3. Te dan «un espanto con dos versiones, una buena y una mala». ¿Cuál es? El Cadejos, el único que se desdobla: además de castigar, acompaña al que va en paz.

4. ¿Por qué la Segua se aparece hermosa y no fea de entrada? Porque castiga al hombre que busca esa aventura. Si apareciera monstruosa, nadie la subiría al caballo y no habría lección: la belleza es la carnada.

5. ¿Cómo separás a la Llorona de la Segua? Por a quién le duele qué: la Llorona llora por hijos, en el agua; la Segua engaña a hombres, en el caballo.

Probar3 preguntas con respuesta y explicación

Preguntas de práctica del tema

Tres preguntas de Español del tema Competencia lectora con textos literarios, para repasar después de «Leyendas y tradición oral de Costa Rica», con las cuatro opciones, la respuesta correcta y la explicación. Probá contestarlas antes de abrir la respuesta.

PREGUNTA 1

Fragmento de novela. La casa quedaba en la parte alta y desde el corredor se veía todo el valle, pero doña Eugenia miraba siempre hacia el otro lado, donde estaba el camino. Decía que el paisaje no cambia y el camino sí.

Sus nietos crecieron oyendo esa frase sin entenderla. La entendieron el año en que el mayor se fue a trabajar a Limón y ella empezó a sentarse en el corredor a las cinco, cuando pasaba el último bus.

Nunca dijo que lo esperaba. Decía que salía a tomar el fresco.

Lea el siguiente texto. Según el texto, ella empezó a sentarse en el corredor a las cinco

  • A. Desde que sus nietos eran muy pequeños.
  • B. Cuando terminaron de construir la casa.
  • C. Al irse a la costa el primero de los nietos.
  • D. Después de que el bus cambió su recorrido.
Ver la respuesta y la explicación

Respuesta correcta: la opción C.

Quien responde que fue cuando terminaron de construir la casa ata el gesto a la mudanza, y el relato lo ata a una partida: ella empezó a salir al corredor el año en que el mayor se marchó.

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PREGUNTA 2

El día que cerraron la pulpería, don Wálter repartió lo que quedaba en los estantes. No lo regaló como quien se deshace de un estorbo, sino como quien entrega encargos: a doña Flor le dio el café que ella siempre compraba, a los muchachos del taller las galletas de coco, y a la señora del final de la cuadra dos latas de leche sin decir por qué.

Solo cuando bajó la cortina metálica alguien preguntó qué iba a hacer ahora. Don Wálter contestó que no sabía, pero que llevaba treinta años sabiendo qué le gustaba a cada quien y eso no se le iba a olvidar de un día para otro.

Observe el siguiente fragmento. El relato pone en valor un tipo de comercio en el que

  • A. El precio siempre resulta más bajo que en otros.
  • B. Se vende únicamente a personas del mismo barrio.
  • C. El dueño decide a quién atiende y a quién no.
  • D. La relación con cada cliente pesa más que la venta.
Ver la respuesta y la explicación

Respuesta correcta: la opción D.

Quien responde que se vende únicamente a personas del mismo barrio confunde cercanía con exclusión: nadie queda afuera en el relato. Lo que se rescata es que sabía qué llevaba cada quien.

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PREGUNTA 3

ESCENA ÚNICA. Aula vacía después de clases. La profesora SILVIA ordena papeles. Entra JEFFRY, de quince años, con la mochila puesta.

JEFFRY.— Profe, ¿me puede subir el trabajo?

SILVIA.— Lo entregaste tarde.

JEFFRY.— Sí, pero lo hice.

SILVIA.— (Sin levantar la vista.) Todos lo hicieron. La diferencia es cuándo.

JEFFRY.— Yo trabajo hasta las diez.

SILVIA.— (Deja los papeles. Pausa larga.) Eso no me lo habías dicho.

JEFFRY.— Usted tampoco me lo había preguntado.

Lea el siguiente texto. Según el cierre, la respuesta de Jeffry a la profesora señala que ella

  • A. Le había advertido varias veces sobre la fecha.
  • B. Hasta ahí no había indagado por su caso.
  • C. Ya conocía su situación y aun así lo sancionó.
  • D. Prefería no escuchar las razones de nadie.
Ver la respuesta y la explicación

Respuesta correcta: la opción B.

Quien responde que ella ya conocía su situación y aun así lo sancionó la vuelve dura a propósito, y la escena dice lo contrario: se entera ahí mismo y suelta los papeles.

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Los errores que más se cobran

  1. Llamar mito a toda historia con seres sobrenaturales. Lo sobrenatural aparece en las tres formas; lo que define al mito es que explica un origen sagrado.
  2. Llamar cuento a la leyenda porque «es inventada». El criterio no es si es cierta sino cómo se cuenta: la leyenda se transmite como verdad y se ancla en un lugar.
  3. Creer que hay una versión «correcta». Como es oral, cambia con quien la cuenta: un examen con otra variante no está equivocado.
  4. Atribuirle autor a una leyenda. Autor tiene el libro que la recopila; la leyenda es anónima por definición.
  5. Guardar las cinco como una lista de bichos. Así se confunden en dos semanas. Ligadas a la falta que vigilan se sostienen solas.
  6. Separar el valor cultural del relato. La pregunta clásica es «¿qué función cumplían?». Con el argumento y sin el para qué, se pierde entera.

Clave de análisis

Para los tres tipos de relato alcanza una pregunta: ¿dónde pasa y quién lo da por cierto? Origen sagrado, mito; camino que se puede nombrar, leyenda; ningún lugar, cuento.

Para las cinco leyendas, la reconstrucción sale de una idea sola: son cercas de palabras puestas en el camino de noche, y cada una vigila una falta. Al mujeriego con tragos le sale la Segua, y su belleza se vuelve calavera. Al trasnochador, el Cadejos: negro si va en malos pasos, blanco si va en paz. A quien descuidó a sus hijos, la Llorona con su grito en el agua. Al que anda cuando ya no queda nadie, la Carreta sin bueyes. Y al que ni así se devuelve, el Padre sin Cabeza.

Si te queda solo una de las cinco, recuperá las otras preguntando: ¿a quién le sale este espanto y qué estaba haciendo mal? No es una lista: es un mapa de conductas, y por eso se rearma solo.

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Tres relatos que se parecen y no son lo mismo

Los tres cuentan una historia y vienen del pueblo. Se separan por qué pretende cada uno respecto de la verdad.

  • Mito: explica el origen del mundo o de algo sagrado, con dioses o seres sobrenaturales. Cómo nació el sol. Pasa fuera del tiempo.
  • Leyenda: mezcla hechos reales con elementos fantásticos y se ubica en un lugar y una época. Se cuenta como si hubiera pasado: en ese río, le pasó al abuelo de alguien.
  • Cuento: relato imaginario, más corto, con inicio, nudo y desenlace. Nadie reclama que sea cierto; empieza con había una vez para avisarlo.

La pregunta que los separa es ¿dónde pasa y quién dice que es verdad? En el principio del mundo y es sagrado: mito. Acá cerca y juran que pasó: leyenda. En ninguna parte y se sabe inventado: cuento.

Qué le hace la transmisión oral a un relato

La tradición oral tiene cuatro rasgos, y los cuatro salen de una sola cosa: el relato viaja en la boca de la gente, no en un papel.

  • Se transmite de boca en boca: nadie puede consultar el original.
  • Como nadie lo escribió primero, no tiene autor conocido: es anónima.
  • Como cada quien la cuenta a su manera, cambia con el tiempo. Por eso hay varias versiones y todas son legítimas.
  • Y como solo sobrevive lo que a la gente le interesa repetir, termina reflejando los valores y creencias de ese pueblo.

Ese último rasgo es la llave de la lección: si algo se sigue contando durante generaciones, es porque le sirve a alguien para algo.

Para qué servían: el camino de noche

Fijate en lo que tienen en común las cinco: todas ocurren de noche, todas en el camino, y a todas se las topa el que debería estar en su casa.

En el campo costarricense, el camino de noche era peligroso de verdad: quebradas, despeñaderos, animales, gente tomada, horas de andar sin una luz. No había cómo prohibirlo ni vigilarlo. Lo que sí había era la palabra, y el pueblo hizo con ella lo que no podía con una cerca: puso un espanto en cada camino.

Estas leyendas enseñan costumbres, miedos y valores del pueblo costarricense, y servían para asustar y así evitar malas conductas, como trasnochar o beber de más. Cada una vigila una falta distinta: ahí está la razón que las reconstruye.

Dibujo de ExamenesCR.
Dibujo de ExamenesCR.

Las cinco, cada una con la falta que corrige

La Segua — al hombre que anda de mujeriego y tomado

Una mujer hermosa que aparece en los caminos a los hombres borrachos o trasnochadores. Al subirla al caballo, se transforma en un monstruo con calavera y ojos rojos.

La lógica: lo que lo atrajo es lo que se vuelve horror. Por eso la Segua tiene que ser hermosa primero: sin esa belleza, el castigo no significaría nada.

El Cadejos — al trasnochador, con premio y con castigo

Un perro grande, negro y peludo, con cadenas, que aparece de noche. Hay cadejo blanco —bueno, protege— y cadejo negro —malo, asusta a los trasnochadores—.

La lógica: es el único espanto con dos caras. Si vas en paz te acompaña el blanco; si vas en malos pasos te sale el negro. No solo amenaza: premia al que anda derecho.

La Llorona — al descuido de los hijos, y al río de noche

Una mujer que vaga de noche llorando por sus hijos. Se escucha su grito «¡Ay, mis hijos!» cerca de los ríos y quebradas.

La lógica: el castigo no es una herida, es llorar para siempre por lo perdido. Y como su grito suena en el agua, advierte a los chiquillos: del río, de noche, mejor lejos.

La Carreta sin Bueyes — al que anda por el camino a deshoras

Una carreta que se mueve sola por los caminos de noche, sin bueyes, haciendo ruido de cadenas.

La lógica: el miedo acá no es una cara, es un sonido sin dueño. La carreta es el objeto más cotidiano del campo, y verla andar sola convierte lo familiar en amenaza.

El Padre sin Cabeza — al que ni con lo sagrado se detiene

Un sacerdote que aparece sin cabeza, montado en un caballo también sin cabeza, recorriendo los caminos de noche.

La lógica: el que aparece es la figura de autoridad moral del pueblo, deformada. Si hasta el cura anda descabezado ahí, en ese camino no hay protección de ninguna clase.

Carreta típica costarricense en una fiesta de boyeros, con un buey suelto a la par. Es el objeto más cotidiano del campo, el mismo que la leyenda de la Carreta sin Bueyes vuelve amenaza: de noche, sin bueyes ni boyero, queda el ruido de las ruedas andando solas. Imagen de Wikimedia Commons, Rodtico21, CC BY-SA 3.0.
Carreta típica costarricense en una fiesta de boyeros, con un buey suelto a la par. Es el objeto más cotidiano del campo, el mismo que la leyenda de la Carreta sin Bueyes vuelve amenaza: de noche, sin bueyes ni boyero, queda el ruido de las ruedas andando solas. Imagen de Wikimedia Commons, Rodtico21, CC BY-SA 3.0.

Ejemplos resueltos

1. Un relato explica cómo los dioses hicieron los primeros ríos. ¿Mito, leyenda o cuento? Mito. No pasa en un lugar que se pueda señalar sino en el tiempo del origen, y los que actúan son seres sagrados.

2. «Mi abuelo oyó las cadenas en el camino a Santa Bárbara una noche de setiembre.» ¿Qué es? Leyenda —la Carreta sin Bueyes—. Tiene las dos marcas: lugar y época concretos, y alguien que la cuenta como cosa que pasó.

3. Te dan «un espanto con dos versiones, una buena y una mala». ¿Cuál es? El Cadejos, el único que se desdobla: además de castigar, acompaña al que va en paz.

4. ¿Por qué la Segua se aparece hermosa y no fea de entrada? Porque castiga al hombre que busca esa aventura. Si apareciera monstruosa, nadie la subiría al caballo y no habría lección: la belleza es la carnada.

5. ¿Cómo separás a la Llorona de la Segua? Por a quién le duele qué: la Llorona llora por hijos, en el agua; la Segua engaña a hombres, en el caballo.

Los errores que más se cobran

  1. Llamar mito a toda historia con seres sobrenaturales. Lo sobrenatural aparece en las tres formas; lo que define al mito es que explica un origen sagrado.
  2. Llamar cuento a la leyenda porque «es inventada». El criterio no es si es cierta sino cómo se cuenta: la leyenda se transmite como verdad y se ancla en un lugar.
  3. Creer que hay una versión «correcta». Como es oral, cambia con quien la cuenta: un examen con otra variante no está equivocado.
  4. Atribuirle autor a una leyenda. Autor tiene el libro que la recopila; la leyenda es anónima por definición.
  5. Guardar las cinco como una lista de bichos. Así se confunden en dos semanas. Ligadas a la falta que vigilan se sostienen solas.
  6. Separar el valor cultural del relato. La pregunta clásica es «¿qué función cumplían?». Con el argumento y sin el para qué, se pierde entera.

Clave de análisis

Para los tres tipos de relato alcanza una pregunta: ¿dónde pasa y quién lo da por cierto? Origen sagrado, mito; camino que se puede nombrar, leyenda; ningún lugar, cuento.

Para las cinco leyendas, la reconstrucción sale de una idea sola: son cercas de palabras puestas en el camino de noche, y cada una vigila una falta. Al mujeriego con tragos le sale la Segua, y su belleza se vuelve calavera. Al trasnochador, el Cadejos: negro si va en malos pasos, blanco si va en paz. A quien descuidó a sus hijos, la Llorona con su grito en el agua. Al que anda cuando ya no queda nadie, la Carreta sin bueyes. Y al que ni así se devuelve, el Padre sin Cabeza.

Si te queda solo una de las cinco, recuperá las otras preguntando: ¿a quién le sale este espanto y qué estaba haciendo mal? No es una lista: es un mapa de conductas, y por eso se rearma solo.