Competencia lectora con textos no literarios
Tipos de texto y su intención
Al terminar vas a poder reconocer si un texto es narrativo, descriptivo, expositivo, argumentativo, instructivo o dialogado, explicar por qué cada intención obliga a usar ciertas marcas de lenguaje y no otras, y decidir el tipo cuando un mismo texto mezcla varios.
La intención manda, y las marcas son su consecuencia
Cada texto tiene una intención comunicativa distinta: quien escribe quiere lograr algo en quien lee. Esto es lo que hay que entender antes de cualquier lista:
Las marcas de cada tipo de texto no son una convención: son el resultado de la intención. Quien quiere enseñar a hacer algo necesita dar órdenes, y por eso aparece el imperativo. No es que el instructivo «lleve» imperativos: es que sin ellos no se puede instruir.
Con esa lógica no hace falta guardar seis listas de marcas: se deducen de la pregunta ¿qué quiere lograr el que escribió esto, y qué herramientas necesita?
Los seis tipos, con su lógica
Narrativo — quiere contar
Intención: contar una historia, real o imaginaria. Marcas: narrador, personajes, tiempo, espacio, verbos de acción. Por qué esas: contar es mostrar hechos que se suceden, así que el tiempo tiene que avanzar. De ahí los verbos de acción —casi siempre en pasado— y los conectores temporales. Ejemplo: Ayer, un niño encontró un perro perdido y lo llevó a casa.
Descriptivo — quiere mostrar cómo es
Intención: decir cómo es algo o alguien. Marcas: adjetivos, comparaciones, detalles sensoriales. Por qué esas: describir es lo contrario de narrar. El tiempo se detiene, los verbos pierden peso y el trabajo lo hacen los adjetivos. Por eso se puede leer casi en cualquier orden. Ejemplo: La playa tenía arena blanca, el mar era azul y el sol calentaba fuerte.
Expositivo — quiere que entiendas
Intención: explicar o informar de forma objetiva. Marcas: definiciones, datos, conectores de orden (primero, luego). Por qué esas: explicar exige que el que escribe desaparezca. Se usa tercera persona y presente, porque lo afirmado vale siempre. Nada de «yo creo». Ejemplo: El ciclo del agua tiene tres etapas: evaporación, condensación y precipitación.
Argumentativo — quiere convencerte
Intención: defender una opinión con razones. Marcas: tesis, argumentos, conectores causales (porque, por lo tanto). Por qué esas: convencer supone que hay alguien que podría opinar distinto. De ahí la postura —la tesis—, las razones que la sostienen y las palabras valorativas: debe, es necesario, grave, injusto. Ejemplo: El uso del celular en clase debe limitarse porque distrae a los estudiantes.
Instructivo — quiere que hagás algo
Intención: indicar cómo hacer algo paso a paso. Marcas: verbos en imperativo, números, conectores de orden. Por qué esas: instruir es dirigir a otro, así que aparece la segunda persona y la orden. Y como los pasos no se pueden alterar, la numeración es obligatoria. Ejemplo: Primero, batí los huevos. Después, agregá la harina poco a poco.
Dialogado — quiere reproducir una conversación
Intención: reproducir una conversación. Marcas: guiones de diálogo, comillas, verbos de habla (dijo, respondió). Por qué esas: si hablan dos, hace falta marcar dónde cambia el turno. El guion es exactamente eso. Ejemplo: —¿Vamos al cine? —preguntó Ana. —Sí, me encantaría —respondió Luis.
El par que más se confunde: expositivo y argumentativo
Los dos usan datos, los dos suenan serios, los dos pueden hablar del mismo tema. Los separa una sola pregunta:
¿Alguien podría estar en desacuerdo con lo que dice el texto?
Si no —el ciclo del agua tiene tres etapas—, es expositivo: informa algo aceptado. Si sí —el celular debe limitarse en clase—, es argumentativo: defiende una postura discutible.
Una segunda señal lo confirma: buscá palabras de valor. Debe, hay que, es inaceptable, lo mejor no aparecen en un expositivo bien hecho.
—¿Intriga, monsieur Sans-délai? No hay hombre capaz de seguir dos horas una intriga. La pereza es la verdadera intriga; os juro que no hay otra; esa es la gran causa oculta: es más fácil negar las cosas que enterarse de ellas.
— Mariano José de Larra, «Vuelva usted mañana», 1833
Larra no está informando: está discutiendo, y el párrafo tiene los tres movimientos del texto argumentativo, uno detrás de otro. Primero tumba la tesis del otro (no hay hombre capaz de seguir dos horas una intriga), después pone la suya (la pereza es la verdadera intriga) y al final la respalda con una razón (es más fácil negar las cosas que enterarse de ellas). Un texto expositivo sobre el mismo tema explicaría qué es la pereza y ahí terminaría; este te quiere convencer, y por eso aparecen el os juro y el rechazo explícito de la opinión contraria.

Cuando el texto mezcla
Casi ningún texto real es de un solo tipo. Una novela tiene páginas descriptivas; una noticia cuenta hechos y explica; una receta empieza describiendo el plato.
La regla es la intención dominante: preguntate para qué existe el texto completo. Una receta que describe el plato al inicio sigue siendo instructiva: nadie la lee para saber cómo se ve, la lee para cocinar.
| Si el texto quiere… | Tipo | Marca que no falla |
|---|---|---|
| contar hechos que avanzan | narrativo | verbos de acción en pasado |
| detener el tiempo y mostrar | descriptivo | adjetivos, detalles sensoriales |
| informar sin opinar | expositivo | tercera persona, datos |
| que vos pensés igual | argumentativo | tesis y porque / por lo tanto |
| que vos hagás | instructivo | imperativos y pasos numerados |
| reproducir voces | dialogado | guiones y verbos de habla |
Ejemplos resueltos
1. «El gallo pinto se prepara con arroz y frijoles. Primero, sofreí la cebolla…» ¿Tipo? Instructivo. La primera oración parece expositiva, pero apenas entra sofreí aparece el imperativo, que solo existe cuando alguien dirige a otro. La intención dominante es que el lector cocine.
2. «Costa Rica abolió el ejército en 1948.» ¿Expositivo o argumentativo? Expositivo. Afirma un hecho que nadie discute y no hay palabras de valor. Si dijera «Costa Rica hizo bien en abolirlo», la valoración lo volvería argumentativo.
3. «La carreta estaba pintada de rojo, amarillo y azul, con flores en cada rueda.» ¿Por qué no es narrativo? Porque nada pasa. No hay hechos que avancen: el único verbo, estaba, solo sostiene los adjetivos. El tiempo detenido es la firma del descriptivo.
4. Una novela tiene tres páginas describiendo un pueblo. ¿Deja de ser narrativa? No. La descripción es un recurso dentro de la narración, no el propósito del texto. La novela existe para contar una historia.
5. «—Diay, ¿y usted a qué hora llegó? —preguntó don Beto.» ¿Dialogado o narrativo? Por sí sola, dialogado: hay guion y verbo de habla. Pero si esa línea está dentro de un relato con narrador y hechos que avanzan, el texto es narrativo con diálogo incorporado. Decide el conjunto.

Los errores que más se cobran
- Clasificar por el tema. El mismo tema —el celular en clase— puede dar un expositivo, un argumentativo o una narración. El tema no es la intención.
- Confundir expositivo con argumentativo. Los dos parecen «serios». Se separan preguntando si alguien podría estar en desacuerdo y buscando palabras de valor.
- Llamar descriptivo a cualquier texto con adjetivos. Los adjetivos aparecen en todos lados; lo que define al descriptivo es que el tiempo no avanza.
- Marcar el tipo por una sola oración. Una frase suelta puede ser de cualquier tipo. La intención se decide con el texto entero.
- Olvidar que casi todos los textos son mixtos. Si buscás pureza terminás dudando de todo. Buscá la intención dominante.
- Ignorar el modo verbal. Imperativo, presente atemporal y pasado son las señales más rápidas —instructivo, expositivo, narrativo—.
Clave de análisis
La reconstrucción sale de una sola pregunta bien hecha: ¿qué quiere el que escribió esto que pase en mi cabeza? Que yo vea hechos que avanzan: narrativo. Que yo vea una imagen quieta: descriptivo. Que yo entienda algo que él sabe: expositivo. Que yo piense como él: argumentativo. Que yo haga algo: instructivo. Que yo escuche a otros hablar: dialogado. Seis intenciones, seis tipos.
De ahí bajan las marcas sin guardarlas aparte, porque cada intención obliga a ciertas herramientas: el que cuenta necesita verbos de acción, el que describe necesita adjetivos, el que explica necesita borrarse, el que convence necesita razones, el que instruye necesita dar órdenes y el que reproduce voces necesita marcar los turnos.
En el examen, leé el primer párrafo, mirá el modo del verbo y preguntate qué quiere el autor de vos. Si el texto mezcla —y casi siempre mezcla—, quedate con lo que quiere el texto completo, no con el recurso de una oración suelta.











