LecciónEspañol · Bachillerato por Madurez

Recursos retóricos en textos literarios

Anáfora: repetición al inicio

Al terminar vas a poder reconocer una anáfora en un verso o una frase, explicar por qué la repetición al inicio produce el efecto que produce, y distinguirla del paralelismo, de la epífora y de la repetición común, que es donde el examen pone la trampa.

Ya lo sé: ir al ejercicio ↓
Gustavo Adolfo Bécquer, pintado por su hermano Valeriano. En la Rima LIII la palabra Volverán abre tres estrofas. Eso es lo que hace una anáfora: no repite para llenar, repite para que se note lo que no se repite. Retrato de Valeriano Bécquer, Museo de Bellas Artes de Sevilla; imagen de Wikimedia Commons, dominio público.
Gustavo Adolfo Bécquer, pintado por su hermano Valeriano. En la Rima LIII la palabra Volverán abre tres estrofas. Eso es lo que hace una anáfora: no repite para llenar, repite para que se note lo que no se repite. Retrato de Valeriano Bécquer, Museo de Bellas Artes de Sevilla; imagen de Wikimedia Commons, dominio público.

Entender

Qué es, dicho corto

La anáfora es una figura de construcción que consiste en repetir una o varias palabras al comienzo de versos u oraciones consecutivas. Sirve para dar énfasis, ritmo e intensidad emocional.

Dos ejemplos para tener la forma en la cabeza:

  • «Aquí tengo una voz. / Aquí tengo una vida.»
  • «Salid al campo, salid a la montaña.»

La palabra repetida al inicio —Aquí, Salid— crea insistencia y cadencia. Hasta ahí llega la definición. Lo que sigue es lo que el examen pregunta de verdad.

Dibujo de ExamenesCR.
Dibujo de ExamenesCR.

Por qué funciona: el inicio es el lugar más visible

La repetición por sí sola no produce ningún efecto especial. Si repito una palabra en el medio de tres oraciones, casi nadie lo nota. Lo que hace potente a la anáfora es dónde repite.

El comienzo de un verso o de una oración es el lugar donde el lector entra. Es el punto de máxima atención: ahí decide de qué se va a tratar lo que sigue. Cuando ese punto se repite, pasan tres cosas encadenadas:

  1. Se crea una expectativa. Después de leer dos veces «Aquí…», el lector espera la tercera. Ya sabe cómo empieza y solo le falta saber cómo sigue.
  2. La atención se corre a lo que cambia. Como el arranque es fijo, todo el peso cae sobre la parte distinta de cada verso: una voz, una vida. La anáfora subraya por contraste.
  3. Se instala un ritmo. El regreso regular de la misma palabra funciona como un golpe de tambor: marca el compás y hace que el texto suene a salmo, a discurso, a letanía.

La anáfora no repite para llenar: repite para que se note lo que no se repite.

Eso explica sus tres funciones clásicas, y así no hay que guardarlas como lista suelta:

  • Énfasis: lo repetido queda marcado como el eje del pasaje.
  • Ritmo musical: el regreso regular da cadencia.
  • Intensidad acumulativa: cada vuelta se apoya en la anterior, y el sentimiento crece en vez de repetirse.

Volverán las oscuras golondrinas

en tu balcón sus nidos a colgar,

y otra vez con el ala a sus cristales

jugando llamarán.

Pero aquellas que el vuelo refrenaban

tu hermosura y mi dicha a contemplar,

aquellas que aprendieron nuestros nombres,

esas… ¡no volverán!

— Gustavo Adolfo Bécquer, «Rima LIII», 1871

Mirá el arranque de los versos 6 y 7: aquellas… aquellas. Como el comienzo se repite, el peso cae sobre lo que cambia —el vuelo refrenaban, aprendieron nuestros nombres—, y las dos golondrinas irrepetibles quedan subrayadas por contraste. El poema hace lo mismo a escala mayor: Volverán abre esta estrofa y vuelve a abrir otras dos más adelante, de modo que cuando llega no volverán el oído ya tenía puesta la expectativa que el verso rompe.

Dónde se oye todos los días

La anáfora no es de laboratorio. Aparece en el habla y en los textos que ya conocés:

  • Reclamo cotidiano: «Ni me llamó, ni me escribió, ni me avisó.»
  • Consuelo de abuela: «Todo pasa, todo se arregla, todo tiene su tiempo.»
  • Discurso: «Nosotros pusimos el trabajo, nosotros pusimos la plata, nosotros pusimos la cara.»
  • En poesía: en el «Poema 20» de Pablo Neruda, el verso «Puedo escribir los versos más tristes esta noche» vuelve varias veces como arranque, y cada regreso cae con más peso.

Fijate en el primero, porque el examen lo usa: «Ni me llamó, ni me escribió, ni me avisó» es anáfora y además polisíndeton, porque la palabra repetida es una conjunción. Las figuras no se excluyen entre sí.

Con qué se confunde, y cómo se separan

Acá se gana o se pierde el punto. Cuatro figuras se parecen y cada una se distingue por qué repite y en qué posición.

FiguraQué repiteDónde
Anáforalas mismas palabrasal inicio de versos u oraciones seguidas
Epíforalas mismas palabrasal final
Paralelismola misma estructura, no las mismas palabrasen toda la frase
Repetición comúnlas mismas palabrasen cualquier posición, sin patrón
  • Anáfora contra paralelismo. «Salid al campo, salid a la montaña» repite la palabra: anáfora. «El cielo se oscurece, la tierra se estremece» repite el molde con palabras distintas: paralelismo. Muchas veces van juntas; cuando estén las dos, lo que define la anáfora es la palabra idéntica al principio.
  • Anáfora contra epífora. La única diferencia es la posición, pero el efecto cambia: al inicio se abre una expectativa, al final se cierra un golpe.
  • Anáfora contra repetición común. Si la palabra vuelve en cualquier parte y sin regularidad, no hay figura. La anáfora es deliberada y posicional.

Ver

Ejemplos resueltos

1. «Aquí estoy yo. Aquí me quedo. Aquí me entierran.» ¿Qué figura hay y qué efecto produce? Anáfora: la palabra Aquí abre las tres oraciones. El efecto es de arraigo y terquedad: como el lugar se fija desde el arranque, todo el cambio queda en los verbos, que van de estar a quedarse a morir. Es la acumulación la que da el sentido de decisión definitiva.

2. «El río bajaba turbio, el viento soplaba frío.» ¿Es anáfora? No. No hay ninguna palabra repetida: lo que se repite es el molde (artículo + sustantivo + verbo en pasado + adjetivo). Eso es paralelismo. La prueba rápida: tapá lo que sigue y mirá solo el arranque de cada parte; si los arranques no son idénticos, no hay anáfora.

3. «Tengo frío, tengo hambre, tengo miedo.» ¿Anáfora o enumeración? Las dos cosas, y la respuesta que el examen busca es anáfora. Hay enumeración de tres estados, pero lo que constituye figura es que las tres empiezan con el mismo tengo. El efecto es acumulativo: cada carencia se apila sobre la anterior en vez de sumarse a secas.

4. Un texto repite «la casa» ocho veces en un párrafo, en distintos lugares. ¿Qué es? Repetición común, no figura. Falta lo que define a la anáfora: la posición inicial y la consecutividad. Sin patrón no hay efecto buscado, y sin efecto buscado no hay recurso retórico.

Volverán las oscuras golondrinas

En tu balcón sus nidos a colgar,

Y, otra vez, con el ala a sus cristales

Jugando llamarán;

Volverán las tupidas madreselvas

De tu jardín las tapias a escalar,

Y otra vez a la tarde, aun más hermosas,

Sus flores se abrirán;

— Gustavo Adolfo Bécquer, «Rima LIII», 1871

El «Volverán» que abre la primera estrofa vuelve a abrir la tercera, palabra por palabra. Entre una y otra cambia todo —las golondrinas, las madreselvas—, pero el arranque queda fijo, y por eso el poema entero suena a promesa que se repite antes de negarse (más adelante: «esas... ¡no volverán!»).

Probar3 preguntas con respuesta y explicación

Preguntas de práctica del tema

Tres preguntas de Español del tema Recursos retóricos en textos literarios, para repasar después de «Anáfora: repetición al inicio», con las cuatro opciones, la respuesta correcta y la explicación. Probá contestarlas antes de abrir la respuesta.

PREGUNTA 1

«Chico cargaba bultos en el mercado desde los trece años, con una faja en la cintura y un saco doblado en el hombro. Su espalda fue el carretillo del mercado: llevó por veinte años lo que nadie quiso levantar, y se fue gastando como se gasta una herramienta que nadie afila. A los treinta y cuatro ya no podía enderezarse del todo. No tenía cómo demostrar un solo día de esos veinte años, porque nunca hubo contrato, y en la evaluación médica le preguntaron dónde había trabajado.»

Lea el texto anterior.

A partir del texto anterior, de la figura retórica subrayada, se interpreta que el cuerpo de Chico

  • A. fue empleado como instrumento hasta quedar inservible del todo.
  • B. recibió durante esos años el mantenimiento que requería su esfuerzo.
  • C. fue reemplazado por herramientas mecánicas dentro del propio mercado.
  • D. conservó intacta su capacidad física después de los veinte años de carga.
Ver la respuesta y la explicación

Respuesta correcta: la opción A.

Llamarlo el carretillo del mercado y decir que se gastó como una herramienta que nadie afila reduce el cuerpo a instrumento sin cuidado. A los treinta y cuatro ya no se enderezaba.

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PREGUNTA 2

«Llevaban catorce meses con el bolso listo junto a la puerta. Aquella espera era un teléfono que podía sonar en cualquier momento y que había que atender siempre: no se podía apagar, ni dejar en otro cuarto, ni bajarle el volumen para dormir tranquilo. Aprendieron a bañarse rápido y a no ir a lugares sin señal.»

Lea el texto anterior.

Según el texto anterior, mediante el uso del recurso retórico subrayado se interpreta que la espera del trasplante

  • A. resultaba llevadera porque podía interrumpirse durante las noches.
  • B. exigía una disponibilidad permanente que no admitía ningún descanso.
  • C. concluyó a los catorce meses con la llamada que la familia aguardaba.
  • D. permitía a la familia organizar su rutina diaria con entera libertad.
Ver la respuesta y la explicación

Respuesta correcta: la opción B.

Quien responde que resultaba llevadera porque podía interrumpirse durante las noches contradice la imagen: ese teléfono había que atenderlo siempre.

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PREGUNTA 3

«Compramos la casa en el dos mil siete con un crédito a treinta años. Aquella deuda fue un inquilino más: ocupaba un cuarto, comía todos los meses y nunca ayudó con nada, pero teníamos que tenerle listo lo suyo antes que lo nuestro. Mis hermanos y yo crecimos sabiendo que había alguien más en la casa a quien no se le podía fallar.»

Lea el texto anterior.

En el texto anterior, a partir del recurso retórico subrayado se interpreta que la deuda de la casa

  • A. aportaba al presupuesto familiar en la misma medida que los demás.
  • B. resultaba invisible para los hijos que crecieron dentro de esa casa.
  • C. fue cancelada mucho antes de los treinta años previstos en el contrato.
  • D. consumía recursos con prioridad sobre las necesidades de toda la familia.
Ver la respuesta y la explicación

Respuesta correcta: la opción D.

Quien responde que aportaba al presupuesto familiar como los demás invierte la imagen: ese inquilino comía todos los meses y nunca ayudó con nada.

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Los errores que más se cobran

  1. Llamar anáfora a cualquier repetición. La anáfora se define por la posición. Si la palabra vuelve en el medio o al final, es otra cosa, y el examen tiene esa opción puesta entre los distractores justamente para cobrarla.
  2. Confundirla con el paralelismo. El paralelismo repite estructura; la anáfora, palabras. La prueba de un vistazo es mirar solo la primera palabra de cada verso: si son idénticas, anáfora.
  3. Contestar la figura y olvidar el efecto. El ítem casi nunca pide el nombre a secas: pide qué logra. Decir «anáfora» sin poder decir «insistencia», «ritmo» o «acumulación» deja media respuesta.
  4. Pensar que la anáfora solo existe en poesía. Aparece en discursos, en oraciones religiosas, en publicidad y en el reclamo de todos los días. Buscarla solo en verso hace que se pase por alto en los textos en prosa de la prueba.
  5. Creer que las figuras se excluyen. Una misma frase puede ser anáfora y polisíndeton, o anáfora y paralelismo. Hay que responder la que el ítem pide.

Clave de análisis

Para reconocerla, hacé una sola operación mecánica: leé en vertical la primera palabra de cada verso u oración seguida. Si esas primeras palabras coinciden, es anáfora; si no coinciden pero las frases están cortadas con el mismo molde, es paralelismo; si lo que coincide está al final, es epífora. Los tres casos se separan con la misma mirada y sin saber nada más.

Para explicar el efecto, volvé a la razón de fondo: el inicio es el lugar donde el lector entra, y repetirlo fija el punto de partida para que todo el peso caiga en lo que cambia después. De ahí salen solos los tres efectos, sin necesidad de guardarlos como lista: si el arranque queda fijo, se subraya lo repetido; si vuelve con regularidad, hay ritmo; y si cada vuelta se apoya en la anterior, la emoción se acumula en lugar de estancarse.

Terminá siempre con la pregunta que la prueba premia: ¿qué idea quedó subrayada por esa repetición y qué siente el lector por culpa de ella? Esa respuesta, y no el nombre de la figura, es la que muestra que entendiste el recurso.

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Qué es, dicho corto

La anáfora es una figura de construcción que consiste en repetir una o varias palabras al comienzo de versos u oraciones consecutivas. Sirve para dar énfasis, ritmo e intensidad emocional.

Dos ejemplos para tener la forma en la cabeza:

  • «Aquí tengo una voz. / Aquí tengo una vida.»
  • «Salid al campo, salid a la montaña.»

La palabra repetida al inicio —Aquí, Salid— crea insistencia y cadencia. Hasta ahí llega la definición. Lo que sigue es lo que el examen pregunta de verdad.

Dibujo de ExamenesCR.
Dibujo de ExamenesCR.

Por qué funciona: el inicio es el lugar más visible

La repetición por sí sola no produce ningún efecto especial. Si repito una palabra en el medio de tres oraciones, casi nadie lo nota. Lo que hace potente a la anáfora es dónde repite.

El comienzo de un verso o de una oración es el lugar donde el lector entra. Es el punto de máxima atención: ahí decide de qué se va a tratar lo que sigue. Cuando ese punto se repite, pasan tres cosas encadenadas:

  1. Se crea una expectativa. Después de leer dos veces «Aquí…», el lector espera la tercera. Ya sabe cómo empieza y solo le falta saber cómo sigue.
  2. La atención se corre a lo que cambia. Como el arranque es fijo, todo el peso cae sobre la parte distinta de cada verso: una voz, una vida. La anáfora subraya por contraste.
  3. Se instala un ritmo. El regreso regular de la misma palabra funciona como un golpe de tambor: marca el compás y hace que el texto suene a salmo, a discurso, a letanía.

La anáfora no repite para llenar: repite para que se note lo que no se repite.

Eso explica sus tres funciones clásicas, y así no hay que guardarlas como lista suelta:

  • Énfasis: lo repetido queda marcado como el eje del pasaje.
  • Ritmo musical: el regreso regular da cadencia.
  • Intensidad acumulativa: cada vuelta se apoya en la anterior, y el sentimiento crece en vez de repetirse.

Volverán las oscuras golondrinas

en tu balcón sus nidos a colgar,

y otra vez con el ala a sus cristales

jugando llamarán.

Pero aquellas que el vuelo refrenaban

tu hermosura y mi dicha a contemplar,

aquellas que aprendieron nuestros nombres,

esas… ¡no volverán!

— Gustavo Adolfo Bécquer, «Rima LIII», 1871

Mirá el arranque de los versos 6 y 7: aquellas… aquellas. Como el comienzo se repite, el peso cae sobre lo que cambia —el vuelo refrenaban, aprendieron nuestros nombres—, y las dos golondrinas irrepetibles quedan subrayadas por contraste. El poema hace lo mismo a escala mayor: Volverán abre esta estrofa y vuelve a abrir otras dos más adelante, de modo que cuando llega no volverán el oído ya tenía puesta la expectativa que el verso rompe.

Gustavo Adolfo Bécquer, pintado por su hermano Valeriano. En la Rima LIII la palabra Volverán abre tres estrofas. Eso es lo que hace una anáfora: no repite para llenar, repite para que se note lo que no se repite. Retrato de Valeriano Bécquer, Museo de Bellas Artes de Sevilla; imagen de Wikimedia Commons, dominio público.
Gustavo Adolfo Bécquer, pintado por su hermano Valeriano. En la Rima LIII la palabra Volverán abre tres estrofas. Eso es lo que hace una anáfora: no repite para llenar, repite para que se note lo que no se repite. Retrato de Valeriano Bécquer, Museo de Bellas Artes de Sevilla; imagen de Wikimedia Commons, dominio público.

Dónde se oye todos los días

La anáfora no es de laboratorio. Aparece en el habla y en los textos que ya conocés:

  • Reclamo cotidiano: «Ni me llamó, ni me escribió, ni me avisó.»
  • Consuelo de abuela: «Todo pasa, todo se arregla, todo tiene su tiempo.»
  • Discurso: «Nosotros pusimos el trabajo, nosotros pusimos la plata, nosotros pusimos la cara.»
  • En poesía: en el «Poema 20» de Pablo Neruda, el verso «Puedo escribir los versos más tristes esta noche» vuelve varias veces como arranque, y cada regreso cae con más peso.

Fijate en el primero, porque el examen lo usa: «Ni me llamó, ni me escribió, ni me avisó» es anáfora y además polisíndeton, porque la palabra repetida es una conjunción. Las figuras no se excluyen entre sí.

Con qué se confunde, y cómo se separan

Acá se gana o se pierde el punto. Cuatro figuras se parecen y cada una se distingue por qué repite y en qué posición.

FiguraQué repiteDónde
Anáforalas mismas palabrasal inicio de versos u oraciones seguidas
Epíforalas mismas palabrasal final
Paralelismola misma estructura, no las mismas palabrasen toda la frase
Repetición comúnlas mismas palabrasen cualquier posición, sin patrón
  • Anáfora contra paralelismo. «Salid al campo, salid a la montaña» repite la palabra: anáfora. «El cielo se oscurece, la tierra se estremece» repite el molde con palabras distintas: paralelismo. Muchas veces van juntas; cuando estén las dos, lo que define la anáfora es la palabra idéntica al principio.
  • Anáfora contra epífora. La única diferencia es la posición, pero el efecto cambia: al inicio se abre una expectativa, al final se cierra un golpe.
  • Anáfora contra repetición común. Si la palabra vuelve en cualquier parte y sin regularidad, no hay figura. La anáfora es deliberada y posicional.

Ejemplos resueltos

1. «Aquí estoy yo. Aquí me quedo. Aquí me entierran.» ¿Qué figura hay y qué efecto produce? Anáfora: la palabra Aquí abre las tres oraciones. El efecto es de arraigo y terquedad: como el lugar se fija desde el arranque, todo el cambio queda en los verbos, que van de estar a quedarse a morir. Es la acumulación la que da el sentido de decisión definitiva.

2. «El río bajaba turbio, el viento soplaba frío.» ¿Es anáfora? No. No hay ninguna palabra repetida: lo que se repite es el molde (artículo + sustantivo + verbo en pasado + adjetivo). Eso es paralelismo. La prueba rápida: tapá lo que sigue y mirá solo el arranque de cada parte; si los arranques no son idénticos, no hay anáfora.

3. «Tengo frío, tengo hambre, tengo miedo.» ¿Anáfora o enumeración? Las dos cosas, y la respuesta que el examen busca es anáfora. Hay enumeración de tres estados, pero lo que constituye figura es que las tres empiezan con el mismo tengo. El efecto es acumulativo: cada carencia se apila sobre la anterior en vez de sumarse a secas.

4. Un texto repite «la casa» ocho veces en un párrafo, en distintos lugares. ¿Qué es? Repetición común, no figura. Falta lo que define a la anáfora: la posición inicial y la consecutividad. Sin patrón no hay efecto buscado, y sin efecto buscado no hay recurso retórico.

Volverán las oscuras golondrinas

En tu balcón sus nidos a colgar,

Y, otra vez, con el ala a sus cristales

Jugando llamarán;

Volverán las tupidas madreselvas

De tu jardín las tapias a escalar,

Y otra vez a la tarde, aun más hermosas,

Sus flores se abrirán;

— Gustavo Adolfo Bécquer, «Rima LIII», 1871

El «Volverán» que abre la primera estrofa vuelve a abrir la tercera, palabra por palabra. Entre una y otra cambia todo —las golondrinas, las madreselvas—, pero el arranque queda fijo, y por eso el poema entero suena a promesa que se repite antes de negarse (más adelante: «esas... ¡no volverán!»).

Los errores que más se cobran

  1. Llamar anáfora a cualquier repetición. La anáfora se define por la posición. Si la palabra vuelve en el medio o al final, es otra cosa, y el examen tiene esa opción puesta entre los distractores justamente para cobrarla.
  2. Confundirla con el paralelismo. El paralelismo repite estructura; la anáfora, palabras. La prueba de un vistazo es mirar solo la primera palabra de cada verso: si son idénticas, anáfora.
  3. Contestar la figura y olvidar el efecto. El ítem casi nunca pide el nombre a secas: pide qué logra. Decir «anáfora» sin poder decir «insistencia», «ritmo» o «acumulación» deja media respuesta.
  4. Pensar que la anáfora solo existe en poesía. Aparece en discursos, en oraciones religiosas, en publicidad y en el reclamo de todos los días. Buscarla solo en verso hace que se pase por alto en los textos en prosa de la prueba.
  5. Creer que las figuras se excluyen. Una misma frase puede ser anáfora y polisíndeton, o anáfora y paralelismo. Hay que responder la que el ítem pide.

Clave de análisis

Para reconocerla, hacé una sola operación mecánica: leé en vertical la primera palabra de cada verso u oración seguida. Si esas primeras palabras coinciden, es anáfora; si no coinciden pero las frases están cortadas con el mismo molde, es paralelismo; si lo que coincide está al final, es epífora. Los tres casos se separan con la misma mirada y sin saber nada más.

Para explicar el efecto, volvé a la razón de fondo: el inicio es el lugar donde el lector entra, y repetirlo fija el punto de partida para que todo el peso caiga en lo que cambia después. De ahí salen solos los tres efectos, sin necesidad de guardarlos como lista: si el arranque queda fijo, se subraya lo repetido; si vuelve con regularidad, hay ritmo; y si cada vuelta se apoya en la anterior, la emoción se acumula en lugar de estancarse.

Terminá siempre con la pregunta que la prueba premia: ¿qué idea quedó subrayada por esa repetición y qué siente el lector por culpa de ella? Esa respuesta, y no el nombre de la figura, es la que muestra que entendiste el recurso.