Recursos retóricos en textos literarios
Recursos retóricos: figuras literarias y de construcción
Al terminar vas a poder decidir con una sola pregunta si una figura es de significación o de construcción, explicar por qué esa división existe y no es un capricho, y separar los pares que más se confunden en la prueba: símil y metáfora, asíndeton y polisíndeton.
Qué son y por qué el idioma los permite
Los recursos retóricos son procedimientos lingüísticos que modifican el uso común del lenguaje para embellecer, intensificar o dar expresividad al mensaje.
Conviene entender de dónde salen. Cuando alguien quiere decir algo con fuerza, tiene solo dos materiales sobre los que puede trabajar: las palabras que elige y el orden en que las pone. No hay un tercero. De esos dos materiales nacen los dos grandes grupos:
- Figuras de significación (semánticas): cambian el sentido de las palabras.
- Figuras de construcción (sintácticas): cambian el orden o la cantidad de las palabras.
La pregunta que clasifica cualquier figura: ¿lo que cambió fue el significado o el orden? Con esa sola pregunta reconstruís la tabla entera sin listas.

Figuras de significación: cuando la palabra dice otra cosa
- Metáfora: identifica un término real con uno imaginario por semejanza. Sus ojos son luceros.
- Símil o comparación: establece la semejanza de forma explícita, con como o cual. Sus ojos brillan como luceros.
- Hipérbole: exageración. Te he dicho mil veces.
- Personificación o prosopopeya: atribuye cualidades humanas a seres inanimados. El viento suspiraba.
- Metonimia: sustituye un término por otro con el que guarda relación. Tomó una copa, por el contenido.
- Sinestesia: mezcla sensaciones de sentidos distintos. Voz dulce junta oído y gusto.
Fijate en el hilo: en todas, las palabras siguen en su lugar pero no significan lo que dicen. Si tachás la figura y la reemplazás por lenguaje literal, la oración queda igual de ordenada, solo que más pobre.
Figuras de construcción: cuando lo raro es la colocación
- Anáfora: repetición de una o más palabras al inicio de versos u oraciones.
- Asíndeton: supresión de conjunciones para dar rapidez. Acudió, corrió, llegó.
- Polisíndeton: repetición de conjunciones para dar lentitud o énfasis. Y ríe, y llora, y canta.
- Hipérbaton: alteración del orden lógico de las palabras.
- Epíteto: adjetivo calificativo redundante. La blanca nieve.
- Encabalgamiento: un verso incompleto continúa su sentido en el siguiente.
Acá el hilo es el contrario: cada palabra significa exactamente lo que dice, pero está de más, de menos o fuera de sitio. Nadie tiene que interpretar nada; hay que notar la colocación.

Los dos pares que deciden la nota
Símil contra metáfora. Es la distinción que más se pregunta, y se resuelve mirando si hay nexo comparativo.
| Símil | Metáfora | |
|---|---|---|
| Lleva nexo | Sí: como, cual, semejante a | No |
| Qué afirma | Que A se parece a B | Que A es B |
| Ejemplo | Sus ojos brillan como luceros | Sus ojos son luceros |
El nexo no es un detalle de forma: cambia lo que se afirma. El símil admite la distancia entre los dos términos; la metáfora la borra y sostiene una identidad imposible. Por eso se siente más fuerte.
Asíndeton contra polisíndeton. Son opuestos exactos y por eso se mezclan. Uno quita las conjunciones, el otro las repite. Y sus efectos se deducen sin aprenderlos aparte: la coma se ve pero no suena; la conjunción hay que pronunciarla. Menos conjunciones es menos frenos, y de ahí la rapidez del asíndeton; más conjunciones es más frenos, y de ahí la lentitud del polisíndeton.
Cómo se identifica una figura dentro de un fragmento
- Leé el fragmento buscando la parte que suena rara. No empieces por la lista de figuras: empezá por lo que te hizo tropezar al leer.
- Preguntate qué se desvió: ¿una palabra significa otra cosa, o las palabras están en un orden que no es el normal?
- Si cambió el significado, revisá si hay nexo comparativo, exageración, acción humana en algo no humano o cambio de sentido por cercanía.
- Si cambió el orden, revisá si algo se repite, si algo falta o si algo está movido de lugar.
- Terminá con el efecto. La pregunta casi siempre pide para qué sirve la figura ahí.
Goza cuello, cabello, labio y frente,
Antes que lo que fue en tu edad dorada
Oro, lilio, clavel, cristal luciente,
No sólo en plata o vïola troncada
Se vuelva, más tú y ello juntamente
En tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.
— Luis de Góngora, «Mientras por competir con tu cabello», 1582
Pasale la pregunta a cada cosa que te llame la atención. Oro, lilio, clavel, cristal luciente nombran el pelo, la frente, los labios y el cuello: cambió el significado, son figuras de significación. En cambio el último verso no cambia el significado de ninguna palabra —tierra es tierra, humo es humo—: lo raro está en que los cinco elementos van pegados sin una sola y. Ahí cambió el orden, y es figura de construcción. Un solo terceto, los dos grupos.
Ejemplos resueltos
1. «Verde nogal, debajo del puente.» ¿Figura de significación o de construcción? De construcción: hipérbaton. Ninguna palabra cambió de sentido; lo alterado es el orden, porque en español el adjetivo suele ir detrás del sustantivo. La prueba del paso 2 lo resuelve: no hay nada que interpretar, hay algo que reacomodar.
2. «Me tomé dos tazas antes de salir.» ¿Qué figura y de qué grupo? Metonimia, del grupo de significación. Nadie se toma la taza: se toma el café. Se nombró el recipiente en lugar del contenido, que es una relación de cercanía, no de semejanza. Por eso no es metáfora: no se dijo que el café fuera una taza.
3. «Hacía un calor que derretía las piedras.» ¿Cuál es la figura? Hipérbole, de significación. La exageración es el procedimiento: nadie cree literalmente que las piedras se derritan. La función es dar la intensidad de la sensación, no informar la temperatura.
4. «Ni la plata ni el trabajo ni la suerte lo salvaron.» ¿Qué grupo y qué efecto? De construcción: polisíndeton. Se repitió la conjunción ni, que en la forma neutra aparecería una sola vez. Ninguna palabra cambió de significado: lo que cambió fue la cantidad. Efecto: la negación se vuelve total y solemne, porque la enumeración se alarga.
5. «La ciudad dormía bajo una lluvia fría como el acero.» ¿Cuántas figuras hay? Dos, y de distinto tipo. La ciudad dormía es prosopopeya: una acción humana en un sujeto que no lo es. Fría como el acero es símil: hay nexo comparativo. Las dos son de significación, y que convivan en la misma línea es normal.
Tú eras el huracán, y yo la alta
Torre que desafía su poder;
¡Tenías que estrellarte o abatirme!...
¡No pudo ser!
— Gustavo Adolfo Bécquer, «Rima XLI», 1871
Fijate qué hace el verbo «eras»: no compara dos cosas parecidas, las vuelve una sola cosa. Bécquer no dice que el amor se parecía a un huracán chocando contra una torre: dice que ERA ese huracán. Ahí está la metáfora, una figura de significación: cambió lo que significan las palabras, no el orden en que están.
Cual suele el ruiseñor con triste canto
quejarse, entre las hojas escondido,
del duro labrador, que cautamente
le despojó su caro y dulce nido,
— Garcilaso de la Vega, «Égloga I», 1543 (publicación póstuma)
Acá en cambio el poeta no identifica: compara con la palabra «cual» (equivale a «como»). El dolor de Salicio sigue siendo dolor de Salicio; el ruiseñor queda afuera, solo prestando la imagen. Esa palabra puente —cual, como— es lo que separa el símil de la metáfora: en la metáfora esa palabra desaparece y las dos cosas se funden.
Los errores que más se cobran
- Confundir símil con metáfora. Pasa porque las dos comparan en el fondo. La diferencia visible es el nexo: si está escrito como, cual o semejante a, es símil; si no está, es metáfora.
- Cambiar de lugar los efectos de asíndeton y polisíndeton. Se arregla razonándolo por el sonido: la conjunción se pronuncia y frena, la coma no. Más conjunciones, más lento.
- Meter el epíteto entre las figuras de significación. El epíteto no cambia el sentido de nada: la blanca nieve dice justo lo que dice. Lo que hace es agregar un adjetivo previsible, y eso es cantidad, no significado.
- Confundir metáfora con metonimia. La metáfora se apoya en semejanza —ojos y luceros brillan—; la metonimia, en cercanía real —la copa contiene el licor—. Preguntate si los dos términos se parecen o si simplemente andan juntos.
- Nombrar la figura y no decir para qué sirve. La pregunta de la prueba casi siempre pide la función. Sin el efecto, la respuesta queda a medio camino.
- Tratar las figuras como adorno. No son decoración: intensifican la emoción, crean imágenes y dan ritmo. Reconocerlas sirve para interpretar la intención del autor, que es lo que el examen evalúa.
Clave de análisis
La lista de figuras es larga, pero no hay que llevarla entera encima: se reconstruye desde una sola idea. El que escribe solo puede tocar dos cosas: qué palabra usa y dónde la pone. De ahí salen los dos grupos, y de ahí sale la pregunta que clasifica cualquier figura que te aparezca: ¿lo que se desvió fue el significado o el orden?
Si fue el significado, solo falta ver por qué camino: semejanza con nexo (símil), identidad sin nexo (metáfora), exageración (hipérbole), conducta humana prestada (prosopopeya), cercanía real (metonimia) o cruce de sentidos (sinestesia).
Si fue el orden, las palabras dicen lo suyo pero están mal colocadas: sobran (polisíndeton, epíteto, anáfora), faltan (asíndeton) o están movidas (hipérbaton, encabalgamiento).
Con esas dos preguntas encadenadas llegás a cualquier figura sin lista delante, y te queda tiempo para lo que de verdad pesa: decir qué gana el texto con ella.











