Composición y ortografía (ensayo)
Vicios del lenguaje: errores que afectan la expresión
Al terminar vas a poder explicar por qué cada vicio es un vicio y no un gusto del que escribe, reconocer los siete más frecuentes por la huella que dejan en la oración, y resolver el dequeísmo y el queísmo con una prueba que se hace en dos segundos.
Qué convierte un uso en vicio
Un vicio del lenguaje es un uso que estorba: entorpece la claridad, quiebra la corrección gramatical o afea el texto. No es cuestión de elegancia personal: un vicio se puede señalar y explicar, y por eso se cobra en un examen.
No todos estorban por la misma razón, y agruparlos por el tipo de daño evita tener que recordar siete casos sueltos:
- Estorban al oído: cacofonía, monotonía.
- Rompen la construcción: solecismo, dequeísmo, queísmo.
- Sobran o confunden el sentido: pleonasmo, anfibología.
Preguntate qué se dañó: el sonido, la sintaxis o el significado. La respuesta ya te deja a un paso del nombre del vicio.

Los siete, con lo que cada uno daña
| Vicio | En qué consiste | Mal | Bien |
|---|---|---|---|
| Cacofonía | choque desagradable de sonidos repetidos | Tomás no tomó tomate | Tomás no comió tomate |
| Solecismo | error de sintaxis | Me se cayó el vaso · De acuerdo a lo dicho | Se me cayó el vaso · De acuerdo con lo dicho |
| Anfibología | la frase admite dos lecturas | Vi a Juan con el telescopio | Con el telescopio vi a Juan |
| Pleonasmo | redundancia innecesaria | Subir arriba · Lo vi con mis propios ojos | Subir · Lo vi |
| Dequeísmo | «de» donde no va | Pienso de que vendrá | Pienso que vendrá |
| Queísmo | falta el «de» que sí va | Estoy seguro que vendrá | Estoy seguro de que vendrá |
| Monotonía | repetir siempre la misma palabra | La cosa es que la cosa salió mal | El asunto es que el trabajo salió mal |
Los que dañan el oído
Cacofonía es la repetición molesta de sonidos cercanos. No es error de gramática: «Tomás no tomó tomate» está bien construida, pero suena mal y distrae del contenido. Se corrige con un sinónimo o reordenando, y se detecta leyendo en voz alta, que es la única manera de oírla.
Monotonía es el vocabulario pobre: la misma palabra cubriendo funciones distintas. El caso más claro es cosa, y después hacer. «Hacer una tarea, hacer un viaje, hacer una fiesta» se vuelve «resolver una tarea, emprender un viaje, organizar una fiesta». En la redacción del examen cuesta puntos: la precisión léxica se califica.
Cervantes metió en el primer capítulo del Quijote la prosa que le volvía loco a su personaje, y la eligió justamente por cómo suena:
La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón
enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra fermosura.
— Miguel de Cervantes, «Don Quijote de la Mancha», 1605
Cinco veces razón —más sinrazón— en un solo renglón. No hay ningún error de gramática: la frase está bien construida y por eso el caso enseña tanto. Lo que falla es el oído, y la prueba es que no se puede leer en voz alta sin trabarse. A esa repetición machacona de los mismos sonidos se le llama cacofonía, y cuando además el que escribe no busca otras palabras porque no las tiene, monotonía. Cervantes lo puso ahí como chiste; el examen lo pone como error.
Los que rompen la construcción
Solecismo es un error de sintaxis: las palabras están bien escritas pero mal combinadas. Los casos frecuentes son reconocibles:
- Orden de pronombres: «me se cayó» por «se me cayó», «te se olvidó» por «se te olvidó». El orden correcto en español pone se primero.
- Preposición equivocada: «de acuerdo a» por «de acuerdo con», «en base a» por «con base en», «distinto a» por «distinto de».
- Concordancia rota: «habían muchas personas» es solecismo claro, porque haber de existencia no se pluraliza.
Dequeísmo y queísmo son dos caras de lo mismo: poner de donde no va, o quitarlo donde sí va. La causa es no saber si el verbo pide preposición, y a veces se agrega por sonar más formal.
La prueba que los resuelve es la misma para los dos: cambiá la subordinada entera por la palabra eso.
- «Pienso que vendrá» → «Pienso eso». Suena bien, entonces sin de. «Pienso de eso» se oye raro: eso confirma que «pienso de que» es dequeísmo.
- «Estoy seguro de que vendrá» → «Estoy seguro de eso». El de aparece solo, entonces hace falta. «Estoy seguro eso» no existe: por eso «estoy seguro que» es queísmo.
La prueba funciona porque el verbo o el adjetivo manda sobre la preposición, y eso deja esa exigencia al descubierto.
Los que sobran o confunden
Pleonasmo es decir dos veces lo mismo. «Subir arriba» repite, porque subir ya implica arriba; igual «salir afuera», «volver a repetir», «lapso de tiempo». Hay que distinguirlo del énfasis legítimo: «lo vi con mis propios ojos» es redundante, pero insiste. Es vicio cuando no aporta nada.
Anfibología es la ambigüedad: la oración admite dos lecturas. «Vi a Juan con el telescopio»: ¿quién tenía el telescopio? Suele producirla un complemento colocado lejos de la palabra que modifica, y se corrige moviéndolo: «Con el telescopio vi a Juan». Es el vicio más caro en textos instructivos o jurídicos, donde una segunda lectura puede cambiar una obligación.

Ejemplos resueltos
1. «Me se perdió el cuaderno de sociales.» ¿Qué vicio hay y cómo se corrige? Solecismo, error de orden de los pronombres. En español el se va primero: «Se me perdió el cuaderno.» No es un problema de palabras mal escritas, sino de cómo se combinan.
2. «El informe indica de que la carretera estará cerrada.» ¿Dequeísmo o queísmo? Dequeísmo. Aplicá la prueba: «El informe indica eso» suena bien y no pide preposición, así que el de sobra. Queda: «El informe indica que la carretera estará cerrada.»
3. «Vendo carro para señora en buen estado.» ¿Qué pasa acá? Anfibología. En buen estado está tan lejos de carro que parece describir a la señora. Se arregla acercando: «Vendo carro en buen estado para señora.» No cambió ninguna palabra, solo el orden.
4. «Estoy convencido que el plan funciona.» ¿Está bien? No: es queísmo. «Estoy convencido de eso» pide la preposición, entonces la subordinada también la necesita: «Estoy convencido de que el plan funciona.» El adjetivo convencido rige de.
5. «Hay que hacer la cosa bien, porque si la cosa sale mal, la cosa se complica.» ¿Cuál es el vicio? Monotonía. Importa porque cosa no significa nada preciso: el lector tiene que adivinar tres referentes. Corregido: «Hay que hacer el trabajo bien, porque si el proceso sale mal, todo se complica.»
Los errores que más se cobran
- Creer que la cacofonía es un error de gramática. No lo es, y por eso no se corrige cambiando la estructura sino una palabra. Quien busca el error gramatical en «Tomás no tomó tomate» no lo encuentra y descarta la opción correcta.
- Confundir pleonasmo con anfibología. El pleonasmo sobra pero se entiende perfecto; la anfibología se entiende de dos maneras. Si sabés exactamente qué quiso decir y solo te parece repetitivo, es pleonasmo.
- Agregar de para sonar formal. El dequeísmo nace de eso. La preposición no la decide el registro, la decide el verbo.
- Quitar todos los de después de aprender el dequeísmo. La sobrecorrección produce queísmo: «me di cuenta que» por «me di cuenta de que». La prueba de eso protege de las dos.
- Llamar solecismo a cualquier error. El solecismo es de sintaxis: orden, concordancia o régimen preposicional. Una palabra mal escrita es error de ortografía.
- Corregir la anfibología cambiando palabras en vez de moverlas. Como el problema es la posición, la solución es reordenar: cambiar el vocabulario suele dejar la ambigüedad intacta.
Clave de análisis
Si se te borra la tabla, la reconstruís con una pregunta y tres familias. La pregunta: ¿qué estorba en esta oración? Si estorba el sonido, mirá si hay sílabas repetidas (cacofonía) o una palabra que vuelve por falta de vocabulario (monotonía). Si estorba la construcción, revisá el orden de los pronombres y las preposiciones (solecismo) y si hay un de de más o de menos delante de que (dequeísmo o queísmo). Y si estorba el sentido, fijate si sobra información (pleonasmo) o si caben dos lecturas (anfibología).
El dequeísmo y el queísmo merecen maniobra propia porque son los que más aparecen: sustituí la subordinada por eso y escuchá si el de aparece solo. Si aparece, va; si no, sobra. Esa prueba no exige recordar qué verbos rigen preposición, porque el oído ya lo sabe: solo hay que darle una oración corta donde pueda oírlo. Practicala con oraciones que escuchés en la calle, y el error se te va a hacer visible antes de terminar de leer la opción.











