LecciónEspañol · Bachillerato por Madurez

Recursos retóricos en textos literarios

El texto lírico y sus figuras

Al terminar vas a poder reconocer las figuras del texto lírico en un verso que nunca hayas visto, explicar por qué cada una produce el efecto que produce, y distinguir las que más se confunden —metáfora y símil, personificación e hipérbole, anáfora y aliteración—.

Ya lo sé: ir al ejercicio ↓
Ignacio Sánchez Mejías, torero y escritor. García Lorca le escribió el «Llanto» que se cita en esta lección, donde el verso «a las cinco de la tarde» vuelve al principio de línea una y otra vez. Esa repetición en la misma posición es la anáfora. Fotografía de Wikimedia Commons, dominio público.
Ignacio Sánchez Mejías, torero y escritor. García Lorca le escribió el «Llanto» que se cita en esta lección, donde el verso «a las cinco de la tarde» vuelve al principio de línea una y otra vez. Esa repetición en la misma posición es la anáfora. Fotografía de Wikimedia Commons, dominio público.

Entender

Por qué la poesía no dice las cosas de frente

El texto lírico expresa el mundo interior de una voz. No cuenta una historia completa como la narrativa: detiene un momento y lo profundiza.

Y para profundizar un momento hace falta decirlo de otra manera. Si un poema dijera «estoy triste», el lector entendería el dato y no sentiría nada. Las figuras existen por eso: obligan al lector a hacer un trabajo, y ese trabajo es lo que produce la emoción. Al oír «sus ojos son dos luceros», tu cabeza tiene que buscar qué tienen en común unos ojos y unas estrellas. En ese viaje corto se produce el efecto.

Una figura no adorna: hace que el lector piense algo que no estaba escrito. Por eso la prueba pregunta el efecto y no solo el nombre.

Quién habla, y por qué eso va antes

El hablante lírico no es el autor: es la voz creada dentro del poema. El motivo lírico es el sentimiento central; el objeto lírico, a quién se dirige; la actitud lírica, si describe, si le habla a alguien o si habla de sí misma. Esto va primero porque la figura siempre sirve al motivo: una hipérbole en un poema de amor muestra desmesura, y la misma en uno de duelo muestra que el dolor no cabe.

Metáfora y símil: el mismo parecido, distinta fuerza

  • Metáfora: identifica una cosa con otra. Sus ojos son dos luceros.
  • Símil o comparación: usa como. Sus ojos son como luceros.

Si aparece como, es símil. Lo que hay que entender es por qué esa palabra cambia tanto. El símil avisa que la comparación es comparación: deja las dos cosas separadas y admite que solo se parecen. La metáfora borra el aviso y afirma la identidad. Por eso la metáfora es más fuerte y más arriesgada: obliga al lector a encontrar solo el parecido.

SímilMetáfora
Está como un robleEs un roble
Corre como el vientoEs una flecha

En el habla tica pasa a cada rato: «se puso como un tomate» es símil; «está hecho un tomate» es metáfora.

Dibujo de ExamenesCR.
Dibujo de ExamenesCR.

Personificación: prestarle vida a lo que no la tiene

Personificación es dar rasgos humanos a lo que no los tiene: el viento susurra, la tarde se durmió sobre los techos.

Funciona porque el lector no puede evitar imaginar la intención. Si el carro «no quiso arrancar», aparece por un segundo un carro con voluntad, y con él la frustración de quien lo intentaba. Del habla de todos los días: el cielo está llorando, la compu se me murió, el celular no me quiere hacer caso.

El par que se confunde: personificación e hipérbole se mezclan porque las dos suenan imposibles. ¿Lo imposible es que actúe como persona, o que la cantidad sea exagerada? El viento me gritó es personificación; te lo dije un millón de veces es hipérbole.

Hipérbole: la exageración que dice la verdad del sentimiento

Hipérbole es exagerar. Su efecto viene de algo curioso: nadie cree la cifra y sin embargo todos entienden el fastidio. No informa sobre la cantidad, informa sobre la intensidad de quien habla.

Del habla costarricense: tengo un hambre que me como una vaca, tengo mil años de no verte, me estoy muriendo de risa. En literatura, el ejemplo más citado en español es el verso de Francisco de Quevedo «Érase un hombre a una nariz pegado».

Érase un hombre a una nariz pegado,

érase una nariz superlativa,

érase una alquitara medio viva,

érase un peje espada mal barbado;

— Francisco de Quevedo, «A una nariz», siglo XVII

Mirá el primer verso: no dice que el hombre tenga una nariz grande, dice que la nariz tiene un hombre pegado. La exageración le da vuelta a la relación entre la cara y la persona, y de ahí sale la burla: nadie cree que el tamaño sea literal, pero todos entienden el desprecio.

Anáfora, aliteración y antítesis

  • Anáfora: repite la misma palabra al inicio de varios versos. Efecto: insistencia. Cada repetición vuelve a pegarle al mismo clavo, y por eso se usa en poemas de reclamo.
  • Aliteración: repite sonidos, no palabras. Efecto: hace oír lo que se nombra. Tres tristes tigres es aliteración pura, y por eso cuesta decirlo.
  • Antítesis: enfrenta ideas contrarias en la misma construcción. Efecto: muestra que algo contiene su contrario.

Anáfora contra aliteración: ¿se repite una palabra al principio del verso, o un sonido a lo largo del verso? La anáfora se ve; la aliteración se oye.

La antítesis se confunde con un contraste cualquiera. La marca es que los contrarios estén juntos y a propósito: ni contigo ni sin ti, tan cerca y tan lejos, una dulce amargura.

Ver

Ejemplos resueltos

1. «Tus manos son dos palomas cansadas.» ¿Qué figura es y por qué? Metáfora. No dice «como palomas»: afirma la identidad. Y el efecto es doble, porque llega la forma de las manos y también el cansancio.

2. «Ese hombre es más lento que una carreta subiendo la cuesta.» ¿Metáfora o símil? Símil: hay comparación explícita con más… que. Además hay hipérbole. Una frase puede llevar dos figuras; acá domina el parecido, que es lo que la sostiene.

3. «Llorar, llorar, llorar por lo que no volvió; llorar por lo que fue.» ¿Anáfora o aliteración? Anáfora: se repite la palabra al inicio, no un sonido. La repetición imita el llanto que no para, y por eso no sobra aunque diga tres veces lo mismo.

4. «El susurro del silencio se siente sobre el suelo.» ¿Qué figura y qué produce? Aliteración de la s. Hace que el verso suene a lo que nombra: se escucha el susurro antes de entender la frase. Responder «repite letras» se queda corto.

5. «Es fuego que quema y agua que apaga; así es querer.» Antítesis. Fuego contra agua, quemar contra apagar, puestos juntos a propósito: el sentimiento contiene dos fuerzas opuestas al mismo tiempo.

toqué sus pechos dormidos,

y se me abrieron de pronto

como ramos de jacintos.

— Federico García Lorca, «La casada infiel» (Romancero gitano), 1928

A las cinco de la tarde.

Eran las cinco en punto de la tarde.

Un niño trajo la blanca sábana

a las cinco de la tarde.

Una espuerta de cal ya prevenida

a las cinco de la tarde.

— Federico García Lorca, «Llanto por Ignacio Sánchez Mejías», 1935

serán ceniza, mas tendrá sentido;

polvo serán, mas polvo enamorado.

— Francisco de Quevedo, «Amor constante más allá de la muerte» (El Parnaso español), 1648 (publicación póstuma)

En el símil, R son los pechos e I son los jacintos: lo que se traslada no es solo la forma sino la sorpresa de abrirse de pronto. En el poema a Ignacio Sánchez Mejías la anáfora no repite por repetir: cada vez que vuelve «a las cinco de la tarde» la muerte avanza un paso más, y esa hora fija mientras todo lo demás cambia es lo que vuelve el poema insoportable. En Quevedo la antítesis está en la misma frase: el cuerpo se hace polvo —lo que se deshace— pero ese polvo sigue enamorado —lo que no se deshace—; juntar dos ideas contrarias en una sola imagen es exactamente lo que hace la figura.

Probar3 preguntas con respuesta y explicación

Preguntas de práctica del tema

Tres preguntas de Español del tema Recursos retóricos en textos literarios, para repasar después de «El texto lírico y sus figuras», con las cuatro opciones, la respuesta correcta y la explicación. Probá contestarlas antes de abrir la respuesta.

PREGUNTA 1

Mi madre no descansa.
Es un reloj al que alguien le dio cuerda de más
y sigue caminando aunque la sala esté vacía,
aunque no quede nadie a quien contarle la hora.

Le digo que se siente. Me contesta que ya va,
y sigue, y sigue, y sigue,
como si detenerse fuera una forma
de averiguar algo que prefiere no saber.

Lea el texto anterior.

En el texto anterior, a partir del recurso retórico subrayado se interpreta que la madre

  • A. descansa apenas termina de atender los asuntos de la casa.
  • B. organiza su día con una puntualidad que la familia le agradece.
  • C. sostiene una actividad mecánica que ya no responde a una necesidad.
  • D. mide el paso del tiempo con mayor exactitud que el resto de su familia.
Ver la respuesta y la explicación

Respuesta correcta: la opción C.

Quien responde que organiza su día con una puntualidad que la familia le agradece toma el reloj como elogio, y la imagen dice otra cosa: sigue andando aunque la sala esté vacía.

Compartir por WhatsAppCompartir en FacebookEnlace a esta pregunta

PREGUNTA 2

El frío entraba por la rendija como quien se sienta
en una silla que no es la suya y ahí se queda
,
y nosotros seguíamos cenando
como si no hubiera nadie más en la casa.

Mi mamá subía el volumen de la radio.
Mi papá hablaba más fuerte.
Todos hicimos algo
menos arreglar la rendija.

Lea el texto anterior.

En el texto anterior, a partir del recurso retórico subrayado se interpreta que el frío

  • A. desapareció cuando alguien arregló la rendija.
  • B. resultaba imperceptible para quienes cenaban dentro de esa casa.
  • C. fue expulsado de la casa gracias a las acciones de aquella familia.
  • D. se instaló como una presencia ajena que la familia terminó tolerando.
Ver la respuesta y la explicación

Respuesta correcta: la opción D.

Comparar el frío con alguien que se sienta en una silla ajena y se queda lo convierte en un intruso admitido. El poema cierra diciendo que todos hicieron algo menos arreglar la rendija, de modo que nadie lo expulsó.

Compartir por WhatsAppCompartir en FacebookEnlace a esta pregunta

PREGUNTA 3

Mi pueblo me queda como la ropa de la infancia:
la reconozco, la doblo con cuidado,
y ya no me entra por ningún lado.


Vuelvo cada diciembre.
Saludo, como, escucho los mismos nombres.
Y a los tres días empiezo a contar
cuánto falta para el bus.

No es que me hayan echado.
Es que uno se va una sola vez
y después ya no hay manera
de volver a caber en el hueco
que uno mismo dejó.

Lea el texto anterior.

A partir del texto anterior, de la figura retórica subrayada, se interpreta que el pueblo natal

  • A. fue olvidado por completo por quien se marchó hace muchos años.
  • B. conserva intacto su valor afectivo y ya no admite a quien regresa.
  • C. recibe con incomodidad a quien vuelve durante el mes de diciembre.
  • D. resulta tan habitable hoy como lo fue durante la infancia de la voz poética.
Ver la respuesta y la explicación

Respuesta correcta: la opción B.

Quien responde que fue olvidado por completo contradice el poema: vuelve cada diciembre y reconoce todo, y aun así ya no le entra.

Compartir por WhatsAppCompartir en FacebookEnlace a esta pregunta

Crear mi cuenta gratis

Verificás tu correo y tenés 12 horas de acceso completo para practicar con nota y la explicación de cada pregunta.

Tu práctica

Practicá Español aquí

Las convocatorias y fechas de Bachillerato por Madurez están en el calendario de exámenes del MEP 2026, y dónde te toca examinar en Bachillerato por Madurez.

Temario de Español de Bachillerato por Madurez

Practicar este tema

Recordar

Los errores que más se cobran

  1. Llamar metáfora a un símil. Se pierde por leer rápido: el nexo —como, cual, más que— está a la vista.
  2. Dar el nombre de la figura y no su efecto. La pregunta suele pedir para qué sirve ahí; nombrar sin explicar deja la respuesta a medias.
  3. Confundir personificación con hipérbole. Las dos suenan imposibles: preguntate si lo imposible es la voluntad o la cantidad.
  4. Confundir anáfora con aliteración. Una repite palabras al inicio del verso, la otra repite sonidos dentro del verso.
  5. Leer el poema literalmente. Si la tarde se durmió, hay figura; responder que la tarde durmió es no haberlo leído como poema.
  6. Confundir hablante lírico con autor. La figura la usa la voz del poema, no la biografía de quien escribió.

Clave de análisis

Las siete figuras se vuelven a armar con tres preguntas sobre qué hace el verso. ¿Está poniendo una cosa en lugar de otra? Es metáfora, o símil si aparece el nexo comparativo. ¿Está atribuyendo algo que ese ser no puede hacer? Es personificación si lo atribuido es humano, e hipérbole si es una cantidad imposible. ¿Está repitiendo o enfrentando? Es anáfora si repite palabras al inicio, aliteración si repite sonidos y antítesis si enfrenta contrarios.

La segunda idea es que cada figura sirve para algo concreto: la metáfora condensa, el símil aclara, la personificación acerca el mundo al sentimiento, la hipérbole muestra intensidad, la anáfora insiste, la aliteración hace sonar y la antítesis muestra que algo contiene su contrario. Cuando el examen pida el efecto, esa es la fila de donde sale la respuesta. Y cuando dudés entre dos figuras, no busqués cuál nombre te suena más: preguntate cuál de los dos efectos está ocurriendo en el verso que tenés enfrente.

Compartí esta lección

Mandásela a un compañero o a tu grupo de estudio.

WhatsAppFacebookX

Más lecciones de Español

Seguí con otro tema del temario.

Te podría interesar

Del blog de ExamenesCR.

Recursos retóricos en textos literarios

El texto lírico y sus figuras

Al terminar vas a poder reconocer las figuras del texto lírico en un verso que nunca hayas visto, explicar por qué cada una produce el efecto que produce, y distinguir las que más se confunden —metáfora y símil, personificación e hipérbole, anáfora y aliteración—.

Por qué la poesía no dice las cosas de frente

El texto lírico expresa el mundo interior de una voz. No cuenta una historia completa como la narrativa: detiene un momento y lo profundiza.

Y para profundizar un momento hace falta decirlo de otra manera. Si un poema dijera «estoy triste», el lector entendería el dato y no sentiría nada. Las figuras existen por eso: obligan al lector a hacer un trabajo, y ese trabajo es lo que produce la emoción. Al oír «sus ojos son dos luceros», tu cabeza tiene que buscar qué tienen en común unos ojos y unas estrellas. En ese viaje corto se produce el efecto.

Una figura no adorna: hace que el lector piense algo que no estaba escrito. Por eso la prueba pregunta el efecto y no solo el nombre.

Quién habla, y por qué eso va antes

El hablante lírico no es el autor: es la voz creada dentro del poema. El motivo lírico es el sentimiento central; el objeto lírico, a quién se dirige; la actitud lírica, si describe, si le habla a alguien o si habla de sí misma. Esto va primero porque la figura siempre sirve al motivo: una hipérbole en un poema de amor muestra desmesura, y la misma en uno de duelo muestra que el dolor no cabe.

Metáfora y símil: el mismo parecido, distinta fuerza

  • Metáfora: identifica una cosa con otra. Sus ojos son dos luceros.
  • Símil o comparación: usa como. Sus ojos son como luceros.

Si aparece como, es símil. Lo que hay que entender es por qué esa palabra cambia tanto. El símil avisa que la comparación es comparación: deja las dos cosas separadas y admite que solo se parecen. La metáfora borra el aviso y afirma la identidad. Por eso la metáfora es más fuerte y más arriesgada: obliga al lector a encontrar solo el parecido.

SímilMetáfora
Está como un robleEs un roble
Corre como el vientoEs una flecha

En el habla tica pasa a cada rato: «se puso como un tomate» es símil; «está hecho un tomate» es metáfora.

Dibujo de ExamenesCR.
Dibujo de ExamenesCR.

Personificación: prestarle vida a lo que no la tiene

Personificación es dar rasgos humanos a lo que no los tiene: el viento susurra, la tarde se durmió sobre los techos.

Funciona porque el lector no puede evitar imaginar la intención. Si el carro «no quiso arrancar», aparece por un segundo un carro con voluntad, y con él la frustración de quien lo intentaba. Del habla de todos los días: el cielo está llorando, la compu se me murió, el celular no me quiere hacer caso.

El par que se confunde: personificación e hipérbole se mezclan porque las dos suenan imposibles. ¿Lo imposible es que actúe como persona, o que la cantidad sea exagerada? El viento me gritó es personificación; te lo dije un millón de veces es hipérbole.

Hipérbole: la exageración que dice la verdad del sentimiento

Hipérbole es exagerar. Su efecto viene de algo curioso: nadie cree la cifra y sin embargo todos entienden el fastidio. No informa sobre la cantidad, informa sobre la intensidad de quien habla.

Del habla costarricense: tengo un hambre que me como una vaca, tengo mil años de no verte, me estoy muriendo de risa. En literatura, el ejemplo más citado en español es el verso de Francisco de Quevedo «Érase un hombre a una nariz pegado».

Érase un hombre a una nariz pegado,

érase una nariz superlativa,

érase una alquitara medio viva,

érase un peje espada mal barbado;

— Francisco de Quevedo, «A una nariz», siglo XVII

Mirá el primer verso: no dice que el hombre tenga una nariz grande, dice que la nariz tiene un hombre pegado. La exageración le da vuelta a la relación entre la cara y la persona, y de ahí sale la burla: nadie cree que el tamaño sea literal, pero todos entienden el desprecio.

Anáfora, aliteración y antítesis

  • Anáfora: repite la misma palabra al inicio de varios versos. Efecto: insistencia. Cada repetición vuelve a pegarle al mismo clavo, y por eso se usa en poemas de reclamo.
  • Aliteración: repite sonidos, no palabras. Efecto: hace oír lo que se nombra. Tres tristes tigres es aliteración pura, y por eso cuesta decirlo.
  • Antítesis: enfrenta ideas contrarias en la misma construcción. Efecto: muestra que algo contiene su contrario.

Anáfora contra aliteración: ¿se repite una palabra al principio del verso, o un sonido a lo largo del verso? La anáfora se ve; la aliteración se oye.

La antítesis se confunde con un contraste cualquiera. La marca es que los contrarios estén juntos y a propósito: ni contigo ni sin ti, tan cerca y tan lejos, una dulce amargura.

Ignacio Sánchez Mejías, torero y escritor. García Lorca le escribió el «Llanto» que se cita en esta lección, donde el verso «a las cinco de la tarde» vuelve al principio de línea una y otra vez. Esa repetición en la misma posición es la anáfora. Fotografía de Wikimedia Commons, dominio público.
Ignacio Sánchez Mejías, torero y escritor. García Lorca le escribió el «Llanto» que se cita en esta lección, donde el verso «a las cinco de la tarde» vuelve al principio de línea una y otra vez. Esa repetición en la misma posición es la anáfora. Fotografía de Wikimedia Commons, dominio público.

Ejemplos resueltos

1. «Tus manos son dos palomas cansadas.» ¿Qué figura es y por qué? Metáfora. No dice «como palomas»: afirma la identidad. Y el efecto es doble, porque llega la forma de las manos y también el cansancio.

2. «Ese hombre es más lento que una carreta subiendo la cuesta.» ¿Metáfora o símil? Símil: hay comparación explícita con más… que. Además hay hipérbole. Una frase puede llevar dos figuras; acá domina el parecido, que es lo que la sostiene.

3. «Llorar, llorar, llorar por lo que no volvió; llorar por lo que fue.» ¿Anáfora o aliteración? Anáfora: se repite la palabra al inicio, no un sonido. La repetición imita el llanto que no para, y por eso no sobra aunque diga tres veces lo mismo.

4. «El susurro del silencio se siente sobre el suelo.» ¿Qué figura y qué produce? Aliteración de la s. Hace que el verso suene a lo que nombra: se escucha el susurro antes de entender la frase. Responder «repite letras» se queda corto.

5. «Es fuego que quema y agua que apaga; así es querer.» Antítesis. Fuego contra agua, quemar contra apagar, puestos juntos a propósito: el sentimiento contiene dos fuerzas opuestas al mismo tiempo.

toqué sus pechos dormidos,

y se me abrieron de pronto

como ramos de jacintos.

— Federico García Lorca, «La casada infiel» (Romancero gitano), 1928

A las cinco de la tarde.

Eran las cinco en punto de la tarde.

Un niño trajo la blanca sábana

a las cinco de la tarde.

Una espuerta de cal ya prevenida

a las cinco de la tarde.

— Federico García Lorca, «Llanto por Ignacio Sánchez Mejías», 1935

serán ceniza, mas tendrá sentido;

polvo serán, mas polvo enamorado.

— Francisco de Quevedo, «Amor constante más allá de la muerte» (El Parnaso español), 1648 (publicación póstuma)

En el símil, R son los pechos e I son los jacintos: lo que se traslada no es solo la forma sino la sorpresa de abrirse de pronto. En el poema a Ignacio Sánchez Mejías la anáfora no repite por repetir: cada vez que vuelve «a las cinco de la tarde» la muerte avanza un paso más, y esa hora fija mientras todo lo demás cambia es lo que vuelve el poema insoportable. En Quevedo la antítesis está en la misma frase: el cuerpo se hace polvo —lo que se deshace— pero ese polvo sigue enamorado —lo que no se deshace—; juntar dos ideas contrarias en una sola imagen es exactamente lo que hace la figura.

Los errores que más se cobran

  1. Llamar metáfora a un símil. Se pierde por leer rápido: el nexo —como, cual, más que— está a la vista.
  2. Dar el nombre de la figura y no su efecto. La pregunta suele pedir para qué sirve ahí; nombrar sin explicar deja la respuesta a medias.
  3. Confundir personificación con hipérbole. Las dos suenan imposibles: preguntate si lo imposible es la voluntad o la cantidad.
  4. Confundir anáfora con aliteración. Una repite palabras al inicio del verso, la otra repite sonidos dentro del verso.
  5. Leer el poema literalmente. Si la tarde se durmió, hay figura; responder que la tarde durmió es no haberlo leído como poema.
  6. Confundir hablante lírico con autor. La figura la usa la voz del poema, no la biografía de quien escribió.

Clave de análisis

Las siete figuras se vuelven a armar con tres preguntas sobre qué hace el verso. ¿Está poniendo una cosa en lugar de otra? Es metáfora, o símil si aparece el nexo comparativo. ¿Está atribuyendo algo que ese ser no puede hacer? Es personificación si lo atribuido es humano, e hipérbole si es una cantidad imposible. ¿Está repitiendo o enfrentando? Es anáfora si repite palabras al inicio, aliteración si repite sonidos y antítesis si enfrenta contrarios.

La segunda idea es que cada figura sirve para algo concreto: la metáfora condensa, el símil aclara, la personificación acerca el mundo al sentimiento, la hipérbole muestra intensidad, la anáfora insiste, la aliteración hace sonar y la antítesis muestra que algo contiene su contrario. Cuando el examen pida el efecto, esa es la fila de donde sale la respuesta. Y cuando dudés entre dos figuras, no busqués cuál nombre te suena más: preguntate cuál de los dos efectos está ocurriendo en el verso que tenés enfrente.