Recursos retóricos en textos literarios
El texto lírico y sus figuras
Al terminar vas a poder reconocer las figuras del texto lírico en un verso que nunca hayas visto, explicar por qué cada una produce el efecto que produce, y distinguir las que más se confunden —metáfora y símil, personificación e hipérbole, anáfora y aliteración—.
Por qué la poesía no dice las cosas de frente
El texto lírico expresa el mundo interior de una voz. No cuenta una historia completa como la narrativa: detiene un momento y lo profundiza.
Y para profundizar un momento hace falta decirlo de otra manera. Si un poema dijera «estoy triste», el lector entendería el dato y no sentiría nada. Las figuras existen por eso: obligan al lector a hacer un trabajo, y ese trabajo es lo que produce la emoción. Al oír «sus ojos son dos luceros», tu cabeza tiene que buscar qué tienen en común unos ojos y unas estrellas. En ese viaje corto se produce el efecto.
Una figura no adorna: hace que el lector piense algo que no estaba escrito. Por eso la prueba pregunta el efecto y no solo el nombre.
Quién habla, y por qué eso va antes
El hablante lírico no es el autor: es la voz creada dentro del poema. El motivo lírico es el sentimiento central; el objeto lírico, a quién se dirige; la actitud lírica, si describe, si le habla a alguien o si habla de sí misma. Esto va primero porque la figura siempre sirve al motivo: una hipérbole en un poema de amor muestra desmesura, y la misma en uno de duelo muestra que el dolor no cabe.
Metáfora y símil: el mismo parecido, distinta fuerza
- Metáfora: identifica una cosa con otra. Sus ojos son dos luceros.
- Símil o comparación: usa como. Sus ojos son como luceros.
Si aparece como, es símil. Lo que hay que entender es por qué esa palabra cambia tanto. El símil avisa que la comparación es comparación: deja las dos cosas separadas y admite que solo se parecen. La metáfora borra el aviso y afirma la identidad. Por eso la metáfora es más fuerte y más arriesgada: obliga al lector a encontrar solo el parecido.
| Símil | Metáfora |
|---|---|
| Está como un roble | Es un roble |
| Corre como el viento | Es una flecha |
En el habla tica pasa a cada rato: «se puso como un tomate» es símil; «está hecho un tomate» es metáfora.

Personificación: prestarle vida a lo que no la tiene
Personificación es dar rasgos humanos a lo que no los tiene: el viento susurra, la tarde se durmió sobre los techos.
Funciona porque el lector no puede evitar imaginar la intención. Si el carro «no quiso arrancar», aparece por un segundo un carro con voluntad, y con él la frustración de quien lo intentaba. Del habla de todos los días: el cielo está llorando, la compu se me murió, el celular no me quiere hacer caso.
El par que se confunde: personificación e hipérbole se mezclan porque las dos suenan imposibles. ¿Lo imposible es que actúe como persona, o que la cantidad sea exagerada? El viento me gritó es personificación; te lo dije un millón de veces es hipérbole.
Hipérbole: la exageración que dice la verdad del sentimiento
Hipérbole es exagerar. Su efecto viene de algo curioso: nadie cree la cifra y sin embargo todos entienden el fastidio. No informa sobre la cantidad, informa sobre la intensidad de quien habla.
Del habla costarricense: tengo un hambre que me como una vaca, tengo mil años de no verte, me estoy muriendo de risa. En literatura, el ejemplo más citado en español es el verso de Francisco de Quevedo «Érase un hombre a una nariz pegado».
Érase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una alquitara medio viva,
érase un peje espada mal barbado;
— Francisco de Quevedo, «A una nariz», siglo XVII
Mirá el primer verso: no dice que el hombre tenga una nariz grande, dice que la nariz tiene un hombre pegado. La exageración le da vuelta a la relación entre la cara y la persona, y de ahí sale la burla: nadie cree que el tamaño sea literal, pero todos entienden el desprecio.
Anáfora, aliteración y antítesis
- Anáfora: repite la misma palabra al inicio de varios versos. Efecto: insistencia. Cada repetición vuelve a pegarle al mismo clavo, y por eso se usa en poemas de reclamo.
- Aliteración: repite sonidos, no palabras. Efecto: hace oír lo que se nombra. Tres tristes tigres es aliteración pura, y por eso cuesta decirlo.
- Antítesis: enfrenta ideas contrarias en la misma construcción. Efecto: muestra que algo contiene su contrario.
Anáfora contra aliteración: ¿se repite una palabra al principio del verso, o un sonido a lo largo del verso? La anáfora se ve; la aliteración se oye.
La antítesis se confunde con un contraste cualquiera. La marca es que los contrarios estén juntos y a propósito: ni contigo ni sin ti, tan cerca y tan lejos, una dulce amargura.

Ejemplos resueltos
1. «Tus manos son dos palomas cansadas.» ¿Qué figura es y por qué? Metáfora. No dice «como palomas»: afirma la identidad. Y el efecto es doble, porque llega la forma de las manos y también el cansancio.
2. «Ese hombre es más lento que una carreta subiendo la cuesta.» ¿Metáfora o símil? Símil: hay comparación explícita con más… que. Además hay hipérbole. Una frase puede llevar dos figuras; acá domina el parecido, que es lo que la sostiene.
3. «Llorar, llorar, llorar por lo que no volvió; llorar por lo que fue.» ¿Anáfora o aliteración? Anáfora: se repite la palabra al inicio, no un sonido. La repetición imita el llanto que no para, y por eso no sobra aunque diga tres veces lo mismo.
4. «El susurro del silencio se siente sobre el suelo.» ¿Qué figura y qué produce? Aliteración de la s. Hace que el verso suene a lo que nombra: se escucha el susurro antes de entender la frase. Responder «repite letras» se queda corto.
5. «Es fuego que quema y agua que apaga; así es querer.» Antítesis. Fuego contra agua, quemar contra apagar, puestos juntos a propósito: el sentimiento contiene dos fuerzas opuestas al mismo tiempo.
toqué sus pechos dormidos,
y se me abrieron de pronto
como ramos de jacintos.
— Federico García Lorca, «La casada infiel» (Romancero gitano), 1928
A las cinco de la tarde.
Eran las cinco en punto de la tarde.
Un niño trajo la blanca sábana
a las cinco de la tarde.
Una espuerta de cal ya prevenida
a las cinco de la tarde.
— Federico García Lorca, «Llanto por Ignacio Sánchez Mejías», 1935
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.
— Francisco de Quevedo, «Amor constante más allá de la muerte» (El Parnaso español), 1648 (publicación póstuma)
En el símil, R son los pechos e I son los jacintos: lo que se traslada no es solo la forma sino la sorpresa de abrirse de pronto. En el poema a Ignacio Sánchez Mejías la anáfora no repite por repetir: cada vez que vuelve «a las cinco de la tarde» la muerte avanza un paso más, y esa hora fija mientras todo lo demás cambia es lo que vuelve el poema insoportable. En Quevedo la antítesis está en la misma frase: el cuerpo se hace polvo —lo que se deshace— pero ese polvo sigue enamorado —lo que no se deshace—; juntar dos ideas contrarias en una sola imagen es exactamente lo que hace la figura.
Los errores que más se cobran
- Llamar metáfora a un símil. Se pierde por leer rápido: el nexo —como, cual, más que— está a la vista.
- Dar el nombre de la figura y no su efecto. La pregunta suele pedir para qué sirve ahí; nombrar sin explicar deja la respuesta a medias.
- Confundir personificación con hipérbole. Las dos suenan imposibles: preguntate si lo imposible es la voluntad o la cantidad.
- Confundir anáfora con aliteración. Una repite palabras al inicio del verso, la otra repite sonidos dentro del verso.
- Leer el poema literalmente. Si la tarde se durmió, hay figura; responder que la tarde durmió es no haberlo leído como poema.
- Confundir hablante lírico con autor. La figura la usa la voz del poema, no la biografía de quien escribió.
Clave de análisis
Las siete figuras se vuelven a armar con tres preguntas sobre qué hace el verso. ¿Está poniendo una cosa en lugar de otra? Es metáfora, o símil si aparece el nexo comparativo. ¿Está atribuyendo algo que ese ser no puede hacer? Es personificación si lo atribuido es humano, e hipérbole si es una cantidad imposible. ¿Está repitiendo o enfrentando? Es anáfora si repite palabras al inicio, aliteración si repite sonidos y antítesis si enfrenta contrarios.
La segunda idea es que cada figura sirve para algo concreto: la metáfora condensa, el símil aclara, la personificación acerca el mundo al sentimiento, la hipérbole muestra intensidad, la anáfora insiste, la aliteración hace sonar y la antítesis muestra que algo contiene su contrario. Cuando el examen pida el efecto, esa es la fila de donde sale la respuesta. Y cuando dudés entre dos figuras, no busqués cuál nombre te suena más: preguntate cuál de los dos efectos está ocurriendo en el verso que tenés enfrente.











